Por Redacción del CENSAL
Un nuevo descarrilamiento del tren del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec (CIIT) —el tren Transístmico que conecta Salina Cruz, Oaxaca, con Coatzacoalcos, Veracruz— ha levantado interrogantes sobre posibles afectaciones económicas en inversión, comercio y actividades relacionadas, especialmente en la región veracruzana. El incidente ocurrió este domingo en la comunidad de Nizanda, Oaxaca, sobre la Línea Z, dejando decenas de pasajeros lesionados y varias víctimas fatales, según reportes oficiales y medios nacionales e internacionales.
El tren Transístmico forma parte de una infraestructura estratégica destinada a conectar el Golfo de México con el Pacífico mediante una red ferroviaria, portuaria y logística más amplia diseñada para competir —en capacidad de transporte terrestre— con rutas marítimas como el Canal de Panamá. El proyecto, impulsado desde 2019, ha sido uno de los ejes de las políticas de desarrollo regional y de atracción de inversión, con expectativas de impulsar comercio, empleo y actividades industriales en el sur‑sureste del país y, en particular, en Veracruz.
Antes del accidente de diciembre de 2025, la expectativa sobre el impacto económico del CIIT era significativa tanto a escala nacional como para las regiones directamente involucradas:
En el corto plazo, el evento del domingo ha ocasionado la suspensión temporal de operaciones en la Línea Z, lo cual podría traducirse en impactos económicos concretos:
Analistas económicos y expertos en logística consideran tres posibles escenarios, siempre supeditados a datos que aún están en curso de recopilación y confirmación oficial:
Escenario A — Recuperación rápida:
Si las operaciones se normalizan en semanas y las investigaciones arrojan causas técnicas específicas (por ejemplo, mantenimiento de vías o falla en el material rodante), la confianza de inversores podría reconstituirse en meses, con impactos económicos limitados al corto plazo.
Escenario B — Ajustes operativos mayores:
Si se detecta la necesidad de revisiones estructurales más amplias, podría implicar interrupciones prolongadas (meses), afectando el volumen de tránsito de mercancías y aumentando los costos de operación del CIIT, lo que podría trasladarse a tarifas logísticas más altas.
Escenario C — Impacto reputacional persistente:
En el peor de los casos, si la percepción de inseguridad ferroviaria se prolonga, podría generar reticencia de empresas extranjeras a comprometer inversiones en polos veracruzanos, aunque este escenario dependerá en gran medida de cómo evolucione el mercado global de transporte y de la competitividad del corredor frente a alternativas logísticas internacionales.
El descarrilamiento del tren Transístmico constituye un desafío operativo y económico para el CIIT y sus actores locales, incluidos los vinculados al comercio y la inversión en Veracruz. Aunque no existen estimaciones públicas completas aún sobre pérdidas concretas, los impactos inmediatos se centran en la interrupción de operaciones y la percepción de riesgo. La evolución de estos efectos dependerá de factores técnicos, decisiones de política pública y la capacidad de restablecer confianza entre inversores y usuarios de la infraestructura en los próximos meses.
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