Opinión

La mercantilización de la lectura: entre libros virales, clásicos y el desafío de leer con criterio

Lot Mariam Geronimo Cuevas

 

La lectura, históricamente considerada un acto de expansión intelectual y reflexión crítica, se enfrenta hoy a un fenómeno global que amenaza su esencia: la mercantilización. Libros convertidos en productos, títulos vendidos más por moda que por contenido, y el auge de algoritmos que recomiendan lo que “vende” más que lo que educa, dibujan un panorama inquietante para la cultura literaria mundial.

La lectura como mercancía: ¿qué compramos cuando compramos un libro?

En librerías y plataformas digitales, la visibilidad de un libro ya no depende únicamente de su valor literario, sino de su potencial comercial. Autores autopublicados, editoriales enfocadas en “best-sellers” y algoritmos que priorizan títulos populares han transformado la experiencia lectora en un acto de consumo.

La antibiblioteca de Umberto Eco o el método ‘tsundoku’ : ¿una falacia que nos engaña?

Nassim Taleb popularizó la idea de la antibiblioteca: tener más libros no leídos que leídos sería un signo de curiosidad y erudición. Sin embargo, investigaciones recientes cuestionan esta noción. Por otro lado, el Tsundoku es un término japonés con un fin similar, agregando la fascinación por tener el conocimiento y las historias a la espera de ser descubiertas. Expertos afirman que la acumulación de libros puede convertirse en un acto puramente decorativo, alimentando la apariencia de conocimiento sin garantizar la calidad de lo que realmente se lee.

En España, por ejemplo, el porcentaje de personas que compraron al menos un libro en 2023 alcanzó el 53,2%, lo que representa un aumento del 12,9% en la última década. Sin embargo, a pesar de este incremento en las compras, la tasa de lectura en el país se mantiene estable en torno al 68%, lo que sugiere que muchos libros adquiridos no llegan a ser leídos.

La acumulación de libros no leídos puede estar vinculada a diversas razones. Las personas están adquiriendo libros impulsivamente, atraídos por ofertas o recomendaciones, sin considerar si realmente los leerán. Otros pueden sentirse presionados por las expectativas sociales que asocian la posesión de libros con el conocimiento y la cultura. Además, el auge de las redes sociales, como TikTok e Instagram, ha promovido tendencias como #BookTok y #Bookstagram, que fomentan la compra y exhibición de libros, a menudo sin un propósito de lectura.

Calidad sobre cantidad: el problema de lo que se lee

Los hábitos lectores en México evidencian un desequilibrio entre cantidad y calidad. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), solo el 69.6% de la población adulta declara leer libros regularmente, y la mayoría se inclina por novelas ligeras o lecturas de entretenimiento rápido. La literatura clásica, ensayo y obra crítica ocupan un espacio marginal.

No se trata de desestimar la lectura ligera o de entretenimiento: leer cómics, novelas populares o incluso textos virales no siempre tiene que ser un acto de “culturización” ni una obligación de acercarse a los clásicos. La lectura también puede ser diversión, evasión o exploración personal. Sin embargo, es fundamental ser conscientes de hacia dónde nos llevan las tendencias. El exceso de libros virales “spicy” recomendados en TikTok o ciertos títulos de autoayuda con consejos poco fundamentados, puede limitar nuestra perspectiva y normalizar información cuestionable. Ampliar nuestros horizontes lectores, combinando placer y criterio, permite que la lectura siga siendo un motor de pensamiento y no solo un consumo condicionado por la viralidad.

Lectura en México: ¿interés real o consumo condicionado?

En el país, la lectura se ve afectada por factores económicos, educativos y sociales. El acceso a bibliotecas públicas es limitado, la educación formal no siempre fomenta el hábito lector y las redes sociales compiten con la concentración que requiere un libro.

No obstante, iniciativas de fomento a la lectura, como ferias del libro y clubes de lectura digitales, buscan contrarrestar esta tendencia. Sin embargo, el desafío persiste: ¿cómo equilibrar la lectura como placer, conocimiento y acto crítico, frente a la presión comercial que la mercantiliza?

Repensar la lectura en un mundo de consumo

La mercantilización de la lectura no solo transforma los hábitos de los lectores, sino también la función social de los libros. Entre acumulación de volúmenes no leídos, lecturas ligeras y decisiones de compra impulsadas por marketing, se corre el riesgo de perder el verdadero valor de leer: cuestionar, aprender y pensar críticamente.

En México y en el mundo, la tarea de lectores, educadores y editoriales es clara: devolverle a la lectura su esencia más allá del precio, el bestseller o la apariencia de cultura.

EL CENSAL

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