“Repensar la economía"

​El sistema financiero internacional en el mundo post-pandemia

Una de las emergencias de salud pública internacional más importantes de nuestro tiempo fue el COVID-19, la cual se convirtió en un punto de inflexión para la economía global. Esta enfermedad dejó grandes pérdidas humanas y económicas y puso en evidencia la fragilidad del sistema financiero internacional.

En este sentido, las principales políticas económicas implementadas como respuesta a la crisis fueron dos: las políticas monetarias expansivas tomadas por los bancos centrales que permitieran inyectar liquidez en la economía principalmente a través de la reducción de las tasas de interés o con la compra de activos financieros. En segundo lugar, por la vía de la política fiscal tomada por los gobiernos, como los programas de gasto público extraordinario como las transferencias, los apoyos a empresas para evitar despidos, las inversiones en salud pública y las condonaciones fiscales, entre otras. Estas políticas evitaron un colapso generalizado.

Sin embargo, se plantean diversas interrogantes ¿es sostenible este modelo? ¿Qué tan preparado está el sistema financiero internacional para futuras disrupciones?

A 5 años de la pandemia, se pueden distinguir algunas transformaciones. Una de las de las más destacadas es el protagonismo del Estado en la economía, no solo como estabilizador, sino como impulsor de polticas industrailes, tecnológicas y sociales. Diversas instituciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y los bancos centrales, se ven ahora presionados a repensar su papel frente a un nuevo contexto de incertidumbre permanente, adoptando papeles más activos. Esta reevaluación del intervencionismo económico marca un giro con respecto al paradigma dominante desde los años ochenta.

Por otra parte, se observa un creciente interés por reestructurar el sistema financiero internacional. Los países emergentes, en particular aquellos con altos niveles de deuda y dependencia del dólar, han demandado mayor representación en los foros multilaterales y en la toma de decisiones ya que la concentración de poder en unas pocas economías ha mostrado sus límites. La idea de un nuevo “Bretton Woods” ya no parece tan lejana.

Además, la digitalización de los sistemas de pago y la incursión de las monedas digitales de bancos centrales están reestructurando la naturaleza misma del dinero. Por ejemplo China, con su yuan digital, están avanzando rápidamente en la implementación de monedas digitales estatales, lo que podría debilitar la hegemonía del dólar a largo plazo. Esto plantea desafíos para la regulación financiera, especialmente en términos de privacidad, seguridad y estabilidad monetaria.

Otro aspecto que se debe resaltar es la sostenibilidad. Las finanzas verdes, los criterios ESG (ambientales, sociales y de gobernanza), los bonos climáticos, entre otros, han cobrado importancia en los portafolios de inversión. Si bien existe un debate sobre el “greenwashing”, es innegable que la presión ha obligado a las instituciones financieras a incorporar riesgos climáticos en sus modelos de evaluación.

La rediseño del sistema financiero internacional no es solo una cuestión técnica, el reto es también político y ético. ¿Se debe privilegiar la estabilidad o la equidad? ¿Cómo lograr una recuperación inclusiva que no deje de lado a los países más pobres? La forma en que se enfrenten los desafíos actuales determinará si el nuevo sistema financiero será más resiliente, justo y sostenible… o si simplemente repetiremos los errores del pasado bajo una nueva fachada tecnológica.

Rosy Wendoli Carrillo Ovando

Economista, especialista en comercio exterior y maestra en economía ambiental. Candidata a doctora en Ciencias Administrativas y Gestión para el Desarrollo. Docente en la Facultad de Economía de la Universidad Veracruzana. Líneas de investigación: desigualdad económica, complejidad económica, desarrollo sustentable y economía ambiental.

Contacto: roscarrillo@uv.mx

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