Esp. Luis Arturo Acosta Rodríguez
Licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad Veracruzana (UV) y Especialista en promoción de la lectura. Promotor de lectura, docente y conferencista con experiencia en el diseño e impartición de talleres de inclusión, accesibilidad y sensibilización sobre discapacidad.
El pensamiento político dicotómico representa una forma cognitiva y social de los extremos de los sistemas de procesamiento de expresión y comprensión: blanco o negro, bueno o malo, todo o nada. Como resultado, este proceso ofrece una simplificación excesiva de realidades sociales al activar esquemas cognitivos reduccionistas que solo brindan dos opciones opuestas y extremas. Este tipo de esquema permite a las personas evitar reconocer la naturaleza realidad a menudo multidimensional, a veces, ambivalente, e, incluso, paradójica.
De este modo, el mundo de quienes se inclinan hacia el extremismo político está regido por la parquedad y posibilidades nulas. puesto que mantienen y se identifican fuertemente con visiones genéricas. La motivación psicológica que subyace a la adopción de ideologías extremas reside en su capacidad para dar sentido a la complejidad del entorno y sus fronteras, otorgando un sistema de supuestos claros que hacen a la realidad más comprensible y predecible.
Este proceso de polarización afectiva y de identidad estructura la división social entre un grupo interno (endogrupo) y un grupo externo (exogrupo): nosotros conta ellos. Estudios en redes sociales y psicología política indican que las personas sobreestiman la moralidad negativa de quienes están del otro lado de la grieta, creyendo erróneamente que sus oponentes aceptarían incluso violaciones básicas de valores compartidos. Este sesgo de moral básica alimenta desconfianza, deshumanización y la percepción del adversario como amenaza. El resultado es una política en la que la identidad partidaria o ideológica deviene en enemistad existencial, y no en diferencia de interpretación pública.
La polarización nace tanto de procesos sociales como cognitivos. Las identidades colectivas se constituyen al definir lo que son y lo que no son; es decir, al trazar fronteras excluyentes. Este tipo de pensamiento refuerza “comunidades imaginadas” que se configuran más por la oposición a un adversario que por la adhesión a un proyecto común. Así, la división no solo es ideológica, sino identitaria, afectiva y simbólica.
Los procesos de deshumanización que se dan a partir del pensamiento político dicotómico tienen residencia en el distanciamiento de los valores morales del endogrupo y el exogrupo, resultando así en la caracterización carente o exagerada. Lo inhumano entonces va tomando forma en los extremos de las ideologías: el otro es irracional, peligroso, inconsciente, perverso. Así se alimenta la vorágine totalitaria; se descompone el intercambio epistemológico; se accionan tecnologías autoritarias dependientes del nulo discernimiento. Esto reduce la variedad de discursos políticos públicos políticos disponibles, transformando la política en aislamiento.
La erosión de la democracia, entendida como sistema político basado en la competencia plural y la protección de derechos civiles, sucede debido a la reducción de la diversidad y la pluralidad sobre problemas en la esfera social, limitando la capacidad epistemológica del sistema; al debilitamiento del compromiso con formas y prácticas éticas, pero también de exposición ante nuevos discursos; a la priorización de intereses partidistas sobre principios de discusión organizada y crítica; al desgaste del pluralismo deliberativo, transformando diferencia legítimas en hostilidad.
Retomando, la polarización debilita el apoyo a normas democráticas, pues las personas priorizan la victoria de su grupo sobre los valores institucionales compartidos. Este efecto implica que, cuando la política se percibe como una lucha existencial entre grupos irreconciliables, se reduce la disposición de los ciudadanos a aceptar resultados electorales adversos, comprometerse con procesos institucionales o respetar derechos básicos del adversario. Vencer es lo más importante en el contexto del abismo político. En la lógica binaria, intereses públicos quedan subordinados a la competencia desmedida.
Referencias
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