Por: Redacción El Censal | Xalapa, Veracruz | 26 de enero de 2026
Las inversiones públicas en infraestructura hídrica rara vez captan titulares. Sin embargo, cuando se ejecutan con visión estratégica, tienen el potencial de transformar tanto la salud pública como el desarrollo económico. Ese es el caso de la rehabilitación de la planta potabilizadora en Juan Rodríguez Clara, en la región del Papaloapan, donde la Comisión del Agua del Estado de Veracruz (CAEV) ha iniciado trabajos integrales para garantizar el suministro de agua potable de calidad a miles de familias.
La intervención incluye desde la sustitución de equipos e infraestructura hidráulica hasta la impermeabilización de estructuras, reparación eléctrica y acondicionamiento externo de la planta. Pero más allá de las obras visibles, lo que se activa con estos proyectos es un ciclo de beneficios económicos tangibles y sostenidos.
Agua como base de productividad
El acceso a agua potable no solo mejora la salud: incrementa la productividad laboral entre un 7 y un 12 % al reducir enfermedades gastrointestinales, ausentismo escolar y laboral, según estimaciones del Banco Mundial. En zonas rurales o semiurbanas como Juan Rodríguez Clara, donde sectores como la agroindustria y el comercio dependen directamente de la estabilidad del suministro hídrico, estos efectos se multiplican.
De hecho, un estudio del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) indica que la cobertura eficiente de agua potable puede elevar hasta en un 15 % el índice de calidad de vida municipal, al incidir en salud, empleo e ingresos disponibles. Cuando la provisión de agua deja de ser una preocupación cotidiana, las familias reasignan tiempo y recursos a actividades productivas.
Infraestructura que genera retorno
Aunque no se ha detallado el monto de inversión en esta planta específica, experiencias comparables en el estado —como las plantas rehabilitadas en Acayucan y Álamo en 2025— revelan que cada peso invertido en potabilización retorna entre 2.8 y 3.5 pesos en beneficios económicos directos e indirectos en un plazo de 3 a 5 años. Esto se debe a la reducción de gastos en salud, mejoras en productividad local y aumento en la plusvalía de las zonas abastecidas.
Además, estas obras tienen un efecto inmediato en el empleo local, ya que su ejecución requiere mano de obra civil, técnicos y proveedores regionales. La construcción de accesos y obras exteriores también mejora la conectividad, facilitando otras actividades económicas aledañas.
Políticas hídricas con visión económica
En un contexto nacional donde la sequía, el cambio climático y la presión sobre los sistemas hidráulicos son temas crecientes, las potabilizadoras rehabilitadas no solo representan soluciones técnicas, sino decisiones económicas con alto impacto. Veracruz, con más de 7 millones de habitantes y una economía fuertemente agrícola, depende críticamente de la gestión eficiente del agua para sostener su crecimiento.
Municipios como Juan Rodríguez Clara, al recibir estas inversiones, fortalecen sus condiciones para atraer capital agrícola, agroindustrial y logístico. A mayor estabilidad hídrica, mayor viabilidad para cadenas productivas, exportación de alimentos y expansión del comercio regional.
¿Qué sigue?
Si bien este tipo de proyectos carece del glamour de una carretera o un megaproyecto industrial, su rentabilidad económica y social es considerable. La clave estará en que las obras no solo se concluyan técnicamente, sino que se mantengan operativas, con esquemas de vigilancia comunitaria, capacitación técnica y financiamiento sostenible.
El desarrollo no siempre llega con grandes anuncios: a veces, empieza con un grifo que funciona.







