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La destrucción creativa y el desafío latinoamericano

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David Quitano Díaz

Si no gestionamos los perdedores de la destrucción creativa, ellos usarán su poder político para detener el progreso  

Philippe Aghion  

Ando leyendo fuertemente la obra “El poder de destrucción creativa” del Premio Nobel de Economía de 2025-Philippe Aghion- y me encuentro un tanto preocupado, relativo a los retos que tenemos como continente respecto a los elementos fundamentales para generar un bienestar integral, en relación a ello, les comento en éste escrito.  

A menudo, cuando pensamos en crecimiento económico, imaginamos fábricas humeantes, rascacielos en construcción y puertos llenos de contenedores. Es una visión de “acumulación”: tener más cosas. Sin embargo, el Premio Nobel Robert Solow nos enseñó hace décadas que la acumulación de capital por sí sola tiene un límite. Si le das una segunda máquina de escribir a una secretaria, no duplicas su productividad; simplemente tienes una máquina extra acumulando polvo. 

Aquí es donde entra la verdadera magia del crecimiento: el progreso tecnológico. Solow demostró que el crecimiento sostenido a largo plazo no proviene de tener más máquinas, sino de mejores máquinas. Es la calidad del capital y, fundamentalmente, el “residuo de Solow” —la productividad total de los factores— lo que diferencia a las naciones ricas de las estancadas. 

Para que esta mejora tecnológica ocurra, debemos invocar un concepto que a menudo asusta a los políticos y planificadores centrales: la destrucción creativa. Acuñada por Joseph Schumpeter, esta idea sugiere que para que lo nuevo nazca (el automóvil, internet, la IA), lo viejo debe morir (el carruaje, el telex, la burocracia de papel). 

La innovación no es un proceso suave de adición; es un proceso violento de sustitución. 1.- No se trata solo de inventar tecnología. 2.- Se trata de la difusión del conocimiento y la capacidad de una economía para absorber esas nuevas formas de hacer las cosas. 

Si el corazón del crecimiento es la innovación, entonces las arterias son los mecanismos que permiten que ese conocimiento fluya y reemplace a las prácticas obsoletas. 

En ese tenor, hoy, el mundo está experimentando un reacomodo global tectónico. Las tensiones geopolíticas y la fragilidad de las cadenas de suministro han impulsado el nearshoring. Las empresas buscan mover su producción de Asia a lugares más cercanos a sus mercados finales (principalmente EE.UU. y Europa). 

Aquí yace el gran desafío —y la trampa potencial— para América Latina. La región está recibiendo flujos de inversión extranjera directa, ansiosa por mano de obra y proximidad geográfica. Sin embargo, si América Latina se conforma con ser simplemente la “fábrica barata” del norte, ignorará la lección de Solow. Ensamblar autos eléctricos con tecnología importada, sin transferir conocimiento ni desarrollar innovación local, es pan para hoy y hambre para mañana. 

Para que este reacomodo global se traduzca en desarrollo real, América Latina debe enfrentar tres desafíos estructurales bajo la óptica de la destrucción creativa, en primero lugar Educación vs. Capital Físico: De nada sirve importar maquinaria de punta si la fuerza laboral no tiene las habilidades técnicas para mejorarla. La inversión en capital humano es el complemento obligatorio del progreso tecnológico de Solow. 

Instituciones que permitan “morir” a lo viejo, muchas economías latinas protegen industrias ineficientes mediante subsidios o barreras arancelarias. Esto detiene la destrucción creativa, convirtiendo a las economías en museos industriales en lugar de laboratorios de innovación. 

Difusión del Conocimiento, la región debe pasar de la manufactura a la mentefactura. El objetivo no debe ser solo atraer la planta de ensamblaje, sino el centro de I+D (Investigación y Desarrollo) de la multinacional. 

Si el progreso tecnológico es el motor (como decía Solow) y la destrucción creativa es el combustible (como decía Schumpeter), las instituciones son el diseño del chasis y las reglas de tránsito. Sin ellas, el auto no arranca o se estrella en la primera curva. 

En el contexto del reacomodo global, las empresas extranjeras no solo buscan mano de obra barata; buscan un lugar donde sus activos intelectuales estén seguros y donde puedan competir justamente. Si América Latina ofrece máquinas (fábricas) pero no ofrece instituciones sólidas (reglas claras), la inversión será de baja calidad (“maquila” básica) y no generará el salto tecnológico que Solow describe. 

No quiero dejar pasar el momento y precisar que el crecimiento económico no es un regalo de la geografía, es una conquista del intelecto. Robert Solow nos advirtió que, sin progreso tecnológico, el capital tiene rendimientos decrecientes. 

América Latina se encuentra ante una ventana de oportunidad histórica. El reacomodo global nos ha puesto en el mapa de los inversores, pero solo la adopción agresiva de la innovación y la aceptación de la destrucción creativa nos mantendrán allí. 

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