Estrecho de Ormuz mueve 20% del petróleo mundial: crudo podría superar los 100 USD y presionar inflación y finanzas públicas en México

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Por: Redacción El Censal | Xalapa, Veracruz | 02 de Marzo 2026

El Estrecho de Ormuz, corredor marítimo entre Irán y Omán por el que transita aproximadamente 20% del petróleo y gas natural licuado del mundo, se ha convertido nuevamente en un punto crítico para los mercados energéticos globales. Analistas de JPMorgan y Goldman Sachs han advertido que un cierre parcial o interrupción prolongada podría llevar el precio del Brent por encima de los 100 dólares por barril, desde niveles actuales cercanos a 80–85 dólares.

De acuerdo con la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA), por Ormuz circulan alrededor de 17 a 20 millones de barriles diarios, volumen equivalente a una quinta parte del consumo global. La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) ha señalado que la región del Golfo Pérsico concentra gran parte de la capacidad exportadora excedente, lo que limita la posibilidad de compensar rápidamente una interrupción.

Para México, el impacto sería mixto pero significativo. Por un lado, un aumento del precio internacional beneficia los ingresos petroleros del gobierno federal. La mezcla mexicana de exportación promedia actualmente alrededor de 70–75 dólares por barril, según datos de Petróleos Mexicanos (Pemex) y la Secretaría de Hacienda. Cada incremento sostenido de 10 dólares por barril puede representar miles de millones de pesos adicionales en ingresos públicos, dependiendo del volumen exportado.

Sin embargo, el efecto positivo en recaudación se ve contrarrestado por presiones inflacionarias. México importa más del 60% de las gasolinas que consume, principalmente desde Estados Unidos, de acuerdo con cifras oficiales de la Secretaría de Energía (Sener). Un repunte en los precios internacionales del crudo se traduce en mayores costos de refinación y transporte, presionando los precios internos de combustibles y, eventualmente, la inflación general.

El Banco de México ha advertido en informes recientes que los choques energéticos son uno de los principales riesgos externos para la estabilidad de precios. En 2022, tras la invasión rusa a Ucrania, el Brent superó los 120 dólares, y México enfrentó presiones inflacionarias superiores al 8%, el nivel más alto en dos décadas.

Además, el encarecimiento del petróleo impacta sectores estratégicos como transporte, manufactura y agroindustria. En un país donde el transporte terrestre moviliza más del 80% de mercancías, según datos del INEGI, el aumento en costos de diésel repercute directamente en la cadena de suministro y en los precios al consumidor.

En el frente cambiario, un shock energético global puede generar volatilidad en mercados emergentes. Aunque mayores precios del crudo tienden a fortalecer monedas de países exportadores, la aversión al riesgo asociada a conflictos geopolíticos puede provocar salidas de capital y depreciación temporal del peso.

La Secretaría de Hacienda ha utilizado históricamente coberturas petroleras para blindar parte de los ingresos públicos ante fluctuaciones de precios. No obstante, estas protecciones no eliminan el impacto inflacionario doméstico ni el efecto en costos empresariales.

El eventual cierre del Estrecho de Ormuz no solo reconfiguraría el mercado energético internacional; también pondría a prueba la resiliencia macroeconómica de economías como la mexicana, altamente integradas al comercio global y dependientes de insumos energéticos importados. En un entorno de tensiones geopolíticas persistentes, el precio del crudo vuelve a convertirse en variable central para el crecimiento, la inflación y la estabilidad fiscal del país.

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