Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez.
“Aristóteles: Poética.”
Marzo es un mes de importantes conmemoraciones, el teatro aparece en escena debido a que el 27 del presente mes se festejará: “El día mundial del teatro”. En otros tiempos se han elegido determinadas obras clásicas antiguas o modernas para ser analizadas. En esta ocasión el plan es diferente, ahora nos acercaremos a uno de los tratados más importantes sobre la historia y surgimiento del género dramatúrgico titulado: “Poética”, obra del connotado filósofo Aristóteles. De entrada, debemos recordar que el teatro en sus dos versiones clásicas: tragedia y comedia, nació en Grecia. Y, el sabio Aristóteles en sus distintos estudios se encargó de analizar gran parte de la cultura griega, ejemplos abundan: en “La Política” nos acerca a un vasto universo donde podemos conocer las formas de Estado y de Gobierno, así como las costumbres, constituciones, leyes, etc. En “La Metafísica”, el lector podrá en una parte de la obra conocer la historia de la filosofía. Luego entonces, vayamos a conocer lo que nos enseña en su famosa: “Poética”.
El estudio se conforma por 26 apartados. Como dato complementario, es importante remarcar que el trabajo del filósofo estagirita estaba estructurado en dos partes, la primera que aquí se analizará, concentra sus investigaciones sobre la epopeya y la tragedia, y, la segunda parte que nunca nos llegó, se sabe que esta obra se perdió o a propósito la desaparecieron de la faz de la tierra. El erudito escritor italiano Humberto Eco, narra de manera inigualable, aunque sea a través de la ficción, la historia respecto a la desaparición de la Poética en su inmortal novela: “En el nombre de la rosa”, por cierto, esta obra fue llevada al cine y es un verdadero clásico imperdible del séptimo arte.
Retornando al tratado aristotélico, desde el inicio es directo y contundente: “Las especies de poéticas son: epopeya, tragedia, comedia, ditirambo”. Queda claro que no son las únicas, pero sí las más importantes. Para que el lector se ubique un poco, rememoremos nuestras antiguas lecciones de literatura: si pensamos en la epopeya, esa forma de escribir en versos donde se narran hechos heroicos y conocemos las vidas de grandes protagonistas que en muchos casos fueron hombres con cierto tinte mitológico, inmediatamente el ejemplo salta a la imaginación, “La Ilíada y la Odisea”. En estas obras conoceremos un hecho legendario como fue la guerra de Troya, más, en torno a este hecho, el genial Homero nos relata la vida de hombres como Aquiles, Patroclo, Odiseo, Príamo, Héctor, Paris, Helena, Andrómaca, Penélope, Tetis, e incluso, en este universo heroico, esos super hombres conviven con dioses y diosas. El mundo creado en las dos epopeyas no tan sólo es maravilloso, además, resulta amplio, diverso, casi inabarcable.
La primera reflexión que hace Aristóteles estriba en reconocer que Homero es el gran poeta, el excelso e inigualable vate. El filósofo sostiene que la opinión vulgar nombra como poeta a todo aquel que escribe en versos, empero, que para ser poeta se requiere mucho más, ese más Aristóteles lo encuentra en la imitación y particularmente en el lenguaje y en las fábulas, me explico: el artista crea imitando, esto no le resta originalidad, verbigracia; Homero creó su arte a partir de sucesos conocidos, seguramente él los contó a su manera y algunos hechos posiblemente los inventó, la propia mitología es un invento, sin embargo, todo lo que hemos venido creando en la historia de nuestras civilizaciones no son más que imitaciones de lo preexistente, porque toda la realidad nos es dada. Piense usted en un pintor, acaso, ¿pinta algo que no existe? Desde luego que refiriéndome a la temática producida por la creación.
Cierto es que algunos genios crearon cosas que no existían más que en su cabeza, por lo mismo son genios eternos. Mas, aun en ellos esas creaciones tienen su origen mínimo en un lenguaje que adquirieron, sé que es un poco complejo, pero vale la pena intentar profundizar. Pensemos en un creador original: Miguel de Cervantes. Este inmortal escritor cuando escribió el Quijote, el género de la novela tal como la conocemos no existía, él lo inventa, he ahí su grandeza y originalidad. A pesar de eso, Cervantes en su acto de creación utilizó un lenguaje preestablecido, en su libro aparecen un sinfín de libros que son parte de su formación como lector y como escritor, y, que contribuyeron a crear su obra magna. Algo más, los hechos que viven sus personajes, muchos, tienen como punto de partida la realidad. Los mismos discursos que pronuncian los protagonistas parten de la realidad tal cual como la vivieron Cervantes y sus contemporáneos. Por eso para Aristóteles el acto de crear se encuentra en imitar, sólo que el lector no debe pensar el término imitar como hoy vulgarmente se usa, como sinónimo de plagiar, copiar vulgarmente. No, aquí imitar es crear obras de artes excelsas que engrandecen al género humano.
Así pues, primero en la epopeya, después en la tragedia, se crearon obras únicas, porque además de imitar lo bello, lo sublime, se empleó el lenguaje a plenitud tanto en su forma, como en la estructura, en la sonoridad, en la claridad, en la profundidad. Hasta aquí tenemos comprendido dos conceptos empleados por Aristóteles: imitación y lenguaje, vayamos al tercero, la fábula. Desde que empiezas a leer la Poética, queda entendido que el término fábula Aristóteles lo emplea como sinónimo de argumento. Para ser puntual, fábula en Aristóteles debe ser entendida como la historia que se cuenta en las epopeyas y después en las tragedias. El filósofo disertó sobre la unidad de la fábula, enfatizando que la unidad no se haya en la esencia de un personaje, por importante que éste sea, sino en toda la acción. Meditemos en el siguiente ejemplo:
La grandeza de la Odisea no está en sólo conocer la vida del protagonista estelar llamado Odiseo. Cuando se termina la lectura de este hermoso libro, en nuestro interior, en nuestra mente, en nuestras imágenes, se quedan un sinfín de experiencias. Lo que explica que, si bien Odiseo es una presencia imborrable, fuerte, el conjunto de la trama va más allá del protagonista. Pienso en los lugares, en Nausica, en Néstor, me imagino a Penélope tejiendo y destejiendo, en los viajes peligrosos, en la presencia de Atenea acompañando a Telémaco, pienso en la forma en que el autor narró los hechos, el orden de los mismos, pienso en que es un pasado tan lejano, pero al mismo tiempo tan nuestro, porque podemos sentir que al leer la obra, ese acto nos lleva al lado de uno de esos personajes en sus aventuras y, finalmente, pienso que en su conjunto es una obra maravillosa. Todo esto para Aristóteles es la fábula, es decir, el argumento que le otorga unidad de la obra.
Una vez analizadas las formas poéticas de la epopeya y la tragedia, Aristóteles explica que la tragedia adquirió mucho de la epopeya. En la obra sostiene que para él de los cantos ditirámbicos nació la tragedia, pronunciamiento que siempre ha sido cuestionado por los estudiosos del mundo griego, sin embargo, lo que nunca ha causado controversia es que la epopeya fue el género que más enriqueció al teatro trágico, al momento de argumentar las diferencias de la epopeya y la tragedia, en ese mismo acto deja entrever la enorme relación de ambos géneros: “Ahora bien, la epopeya corrió pareja con la tragedia sólo en cuanto a ser imitación de hombres esforzados en verso y con argumento; pero se diferencia de ella por tener un verso uniforme y ser un relato. Y también por la extensión; pues la tragedia se esfuerza lo más posible por atenerse a una revolución del sol o excederla poco, mientras que la epopeya es ilimitada en el tiempo, y en esto se diferencia, aunque, al principio, lo mismo hacían esto en las tragedias que en los poemas épicos. “
Esta enorme relación entre epopeya y tragedia tiene un punto clave en Aristóteles, debido a que ambos géneros hacen mejores a los hombres, porque narran imitaciones de hombres heroicos, no así la comedia, este análisis continuará en el próximo artículo. Mientras tanto: “Homero hace a los hombres mejores”.
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