Ocupación laboral en México creció en 2025, pero la informalidad domina el empleo creado

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Xalapa, Ver; 27 de enero de 2026.- En 2025, el mercado laboral mexicano registró un aumento en la población ocupada; sin embargo, la mayor parte de los nuevos empleos se concentró en la informalidad, de acuerdo con los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), al cierre de diciembre la población ocupada alcanzó 60.38 millones de personas, lo que representó un incremento de más de 1 millón de trabajadores respecto al mismo mes de 2024.

No obstante, el crecimiento del empleo no estuvo acompañado por una mejora en su calidad. Del total de personas ocupadas, 32.9 millones laboraron en condiciones de informalidad, lo que ubicó la tasa de informalidad laboral en 54.6 %, es decir, más de la mitad de la fuerza laboral del país.

El reporte muestra que la generación de empleo formal fue limitada durante el año. Incluso, algunos segmentos del trabajo con seguridad social registraron una ligera contracción, mientras que los empleos sin contrato, sin acceso a instituciones de salud y sin prestaciones continuaron expandiéndose.

Los sectores que impulsaron la creación de puestos laborales fueron principalmente el comercio, los servicios personales, los restaurantes y el alojamiento, actividades caracterizadas por una alta rotación y bajos niveles de formalización. En contraste, ramas como la construcción y parte de la industria manufacturera mostraron una pérdida neta de empleos.

A pesar de este panorama, la tasa de desocupación nacional se mantuvo en niveles históricamente bajos, alrededor de 2.4 %, lo que refleja una alta absorción laboral, aunque con una estructura cada vez más precaria.

Especialistas advierten que este comportamiento confirma uno de los principales retos estructurales de la economía mexicana: el crecimiento del empleo no necesariamente implica crecimiento del bienestar, ya que la informalidad limita el acceso a seguridad social, estabilidad laboral, productividad y recaudación fiscal.

De cara a 2026, el desafío para la política económica será traducir el dinamismo laboral en empleos formales, productivos y sostenibles, especialmente en un contexto de desaceleración económica, ajustes fiscales y cambios en el mercado laboral derivados de reformas estructurales.

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