Edgar Sandoval Pérez
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En economía, muchas aparentes contradicciones no son errores estadísticos, sino problemas de interpretación
Por meses, el diagnóstico parecía claro: la economía de Veracruz avanzaba con dificultad. El ITAEE, principal indicador trimestral de la actividad económica estatal, mostraba señales de desaceleración y retrocesos durante buena parte del 2025. A ello se sumaron choques climáticos, ajustes presupuestales y un entorno nacional desigual. Con ese telón de fondo, pocos esperaban que el cierre de 2025 arrojara cifras tan contundentes en empleo, horas trabajadas y producción.
Sin embargo, los datos publicados por el INEGI revelaron una realidad distinta en un segmento clave: el sector constructor. Veracruz no solo creció, lideró. Y eso obliga a replantear la narrativa.
En economía, muchas aparentes contradicciones no son errores estadísticos, sino problemas de interpretación.
El crecimiento anual de 24 % en el valor de la producción, el aumento de 36 % en personal ocupado y el avance de 35.1 % en horas trabajadas no ocurrieron por casualidad. Tampoco contradicen necesariamente al ITAEE. Lo que muestran es que no todos los sectores reaccionan al mismo tiempo ni con la misma velocidad.
Conviene decirlo con claridad: el ITAEE no estaba “mal”, pero no estaba viendo todavía todo lo que estaba ocurriendo.
El ITAEE es un promedio amplio. Incorpora sectores que seguían rezagados —servicios, comercio, algunas ramas manufactureras— y por ello reflejaba una economía aún contenida. En cambio, la construcción respondió antes. Y suele hacerlo así. Es uno de los primeros sectores en activarse cuando se liberan proyectos, fluyen recursos o se reordenan prioridades de inversión.
La primera clave del cambio interanual: la inversión empezó a moverse antes que el resto de la economía.
La segunda clave está en un indicador que suele pasar desapercibido: las horas trabajadas. Que Veracruz lidere este rubro no habla solo de más empleo, sino de más intensidad productiva. Las empresas no solo contrataron más personal; ampliaron jornadas, aceleraron frentes de obra y utilizaron con mayor fuerza su capacidad instalada. En términos económicos, eso es una señal de reactivación real.
La tercera clave es el efecto base. Noviembre de 2024 fue un mes particularmente débil. Comparar contra un punto bajo magnifica el crecimiento porcentual. Pero sería un error reducir todo a un “rebote estadístico”. Si fuera solo eso, no veríamos liderazgo nacional ni consistencia entre producción, empleo y horas trabajadas al mismo tiempo.
La cuarta clave es regional. Mientras entidades como Campeche, Guanajuato o Durango mostraron contracciones, Veracruz logró mantenerse en terreno positivo. Esto sugiere reacomodos geográficos de la inversión, reasignación de proyectos y una ventaja logística y operativa que permitió absorber actividad que en otros estados se frenó.
Y la quinta clave —quizá la más importante— es de expectativas. El empleo no crece 36 % si las empresas creen que el impulso será efímero. Contratar es una apuesta al futuro. El mercado laboral del sector constructor leyó señales de continuidad, no de pausa.
Este conjunto de factores explica por qué las variables interanuales cambiaron de forma tan marcada, aun cuando el ITAEE venía retrocediendo. No hay contradicción: hay desfase temporal. Primero se mueve la obra, luego el empleo, después la producción agregada y, finalmente, los indicadores sintéticos.
El desempeño de noviembre de 2025 no debe leerse como un triunfo automático ni como propaganda económica. Debe entenderse como una señal temprana. Si el crecimiento del sector constructor logra permear hacia proveedores locales, comercio, servicios y manufactura, el ITAEE terminará reflejándolo con rezago.
Si no ocurre, estas cifras quedarán como un pico aislado.


