Derecha retoma el poder en Honduras: Nasry “Tito” Asfura asume la presidencia entre tensiones y cuestionamientos

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Tegucigalpa, Honduras, 27 de enero de 2026. — El empresario y político conservador Nasry “Tito” Asfura tomó posesión este martes como presidente de Honduras, marcando un giro hacia la derecha en la política del país centroamericano después de cuatro años bajo el gobierno de la izquierdista Xiomara Castro. Su investidura abre un nuevo capítulo político y social en una nación que ha vivido un proceso electoral cargado de tensiones, acusaciones de irregularidades y divisiones profundas.

Asfura, del Partido Nacional, asumió el cargo para el periodo 2026-2030 tras una estrecha victoria en las elecciones generales del 30 de noviembre de 2025, en las cuales obtuvo aproximadamente 40.3 % de los votos, superando por un margen mínimo al candidato del Partido Liberal, Salvador Nasralla.

Un cambio político con saldo político dividido

La ceremonia de juramentación se realizó en el Congreso Nacional en Tegucigalpa sin la presencia de líderes regionales por motivos de austeridad, y Asfura prometió a los hondureños que «no les fallará», subrayando compromisos con temas como la seguridad, el empleo y el fortalecimiento de la economía.

Sin embargo, su llegada al poder no fue completamente reconocida por la presidenta saliente, Xiomara Castro, quien ha cuestionado la legitimidad de los resultados y no respalda la transición oficial. La falta de reconocimiento entre el gobierno saliente y el entrante evidencia tensiones internas que podrían complicar la gobernabilidad en los primeros meses de su mandato.

Protagonismo internacional y relaciones con Estados Unidos

La elección de Asfura estuvo acompañada de un fuerte respaldo político desde Estados Unidos, especialmente del presidente Donald Trump, quien ofreció apoyo explícito durante la campaña. Organismos internacionales y observadores alertaron sobre posibles interferencias políticas externas, mientras algunos sectores interpretan la adhesión de Washington como un posicionamiento estratégico en la región centroamericana.

El nuevo mandatario también ha planteado reanudar y fortalecer las relaciones con aliados tradicionales como Taiwán, tras el quiebre de vínculos con China durante la administración anterior, un movimiento que ha sido visto como un cambio de rumbo en la política exterior hondureña.

Tensiones internas y denuncias de fraude

El proceso electoral que culminó con la transición de poder estuvo marcado por una contienda particularmente cerrada, con menos de un punto porcentual de diferencia entre Asfura y Nasralla, lo que generó denuncias de fraude, retrasos en el escrutinio de votos y protestas de sectores opositores.

Organizaciones políticas de izquierda, incluyendo el partido de la expresidenta Castro, han denunciado que la legitimidad del resultado estuvo en entredicho y que la rapidez con que se proclamó al ganador podría haber afectado la confianza en las instituciones electorales hondureñas.

Desafíos socioeconómicos y prioridades de gobierno

Asfura asume la presidencia en un contexto de numerosos retos: alta inseguridad, desigualdad económica, servicios públicos insuficientes y un clima político polarizado. Durante su campaña, prometió combatir la violencia de las pandillas, generar empleo y atraer inversión extranjera, pero muchos analistas señalan que la estabilidad social y la cohesión política serán determinantes para medir el éxito de su administración.

Además, el nuevo presidente deberá enfrentar expectativas ciudadanas de mayor transparencia y combate a la corrupción, así como la exigencia de parte de la sociedad civil de respeto a los derechos humanos y procesos democráticos sólidos.

Un retorno a la derecha en Centroamérica

La investidura de Asfura también refleja una tendencia más amplia en la región latinoamericana, donde varios países han visto un resurgimiento de gobiernos conservadores tras años de administración de fuerzas progresistas. Esto ha generado intensos debates sobre la orientación política regional y el papel de la cooperación internacional en procesos democráticos.

En definitiva, la presidencia de Nasry “Tito” Asfura representa un cambio trascendental en el paisaje político hondureño con implicaciones internas y externas, y su efectividad dependerá de su capacidad para unir a un país dividido y enfrentar desafíos estructurales persistentes.

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