Xalapa, Veracruz; 10 de enero de 2026. — La inflación es uno de los indicadores económicos con mayor impacto en la vida cotidiana de las familias y, en el último año, Veracruz ha registrado una evolución favorable en este rubro. No obstante, al contrastar estos avances con cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y con el contexto económico nacional, surgen elementos que invitan a un análisis más amplio sobre la sostenibilidad de esta tendencia.
De acuerdo con información del Gobierno del Estado sobre la Estabilidad económica de Veracruz, la entidad mejoró su posición en el ranking nacional de inflación al descender 10 lugares en el último año, pasando del histórico quinto sitio al puesto 15 entre las 32 entidades federativas. Con ello, Veracruz se ubicó por debajo de entidades con economías más diversificadas como Ciudad de México, Jalisco y Nuevo León.
En paralelo, los datos oficiales del INEGI indican que la inflación general anual en México se ubicó alrededor del 3.59 % en enero de 2025, uno de los niveles más bajos observados en los últimos años y dentro del objetivo del Banco de México. Esta cifra refleja, además, una desaceleración inflacionaria de carácter nacional, lo que abre la discusión sobre el peso relativo de los factores locales frente a las condiciones macroeconómicas del país en el mejor desempeño de Veracruz.
En este contexto, la mejora en el ranking estatal no necesariamente implica una reducción homogénea de la presión sobre los precios de todos los bienes y servicios. En términos comparativos, el descenso de posiciones también responde a que otras entidades registraron incrementos mayores en determinados periodos, mientras que el comportamiento de los precios en Veracruz ha mostrado variaciones entre regiones y centros urbanos.
Asimismo, aunque la inflación nacional se ha mantenido en niveles moderados respecto a años previos, los datos del INEGI muestran que los precios continúan registrando comportamientos diferenciados por rubro. Bienes como alimentos, energía y transporte —que concentran una parte relevante del gasto de los hogares— presentan ajustes que no siempre se reflejan de manera uniforme en el promedio inflacionario.
La evolución favorable de la inflación también debe analizarse junto con otros indicadores económicos. A pesar de la desaceleración de precios, persisten retos en materia de empleo formal y crecimiento de los salarios reales, lo que puede limitar el impacto directo de la estabilidad inflacionaria en el poder adquisitivo de la población.
En este sentido, el debate no se centra únicamente en la reducción de la inflación, sino en su capacidad para traducirse en una mejora tangible del bienestar económico. ¿La posición más baja de Veracruz en el ranking inflacionario refleja un avance estructural o responde principalmente a un entorno nacional de menor presión sobre los precios?
Responder a esta pregunta requerirá un seguimiento constante del comportamiento de los precios a nivel local, así como de su relación con el ingreso y el empleo. Por ahora, los datos ofrecen señales positivas, aunque invitan a una lectura cuidadosa y de mediano plazo.







