Londres, Reino Unido; 9 de febrero de 2026.- El primer ministro británico Keir Starmer descartó dejar el cargo pese a la creciente presión política que enfrenta su gobierno a raíz del caso Epstein, un escándalo que ha reavivado cuestionamientos sobre decisiones pasadas y ha derivado en la renuncia de altos funcionarios.
La crisis se intensificó tras la salida de colaboradores cercanos al primer ministro, luego de que se cuestionara el respaldo que dieron a nombramientos vinculados indirectamente con figuras asociadas al fallecido Jeffrey Epstein. Estas decisiones generaron críticas desde la oposición y también al interior del propio partido gobernante.
Starmer sostuvo que no contempla dimitir y defendió su continuidad al frente del gobierno, argumentando que cuenta con un mandato democrático y que su responsabilidad es garantizar estabilidad política en un momento clave para el Reino Unido. Afirmó que su prioridad sigue siendo la agenda económica y social del país, por encima de lo que calificó como una crisis política interna.
Aunque algunos legisladores han exigido su renuncia para permitir una renovación del liderazgo, otros miembros del gabinete han cerrado filas en torno al primer ministro, señalando que una salida abrupta podría agravar la incertidumbre política.
El escándalo ha reabierto el debate sobre los estándares éticos en los nombramientos públicos y la responsabilidad política del liderazgo, convirtiéndose en uno de los episodios más complejos que ha enfrentado el actual gobierno británico. Mientras tanto, Starmer enfrenta el reto de recomponer su equipo y recuperar la confianza pública en medio de un entorno político cada vez más polarizado.





