Por: Redacción El Censal | Washington-Teherán-Jerusalén | 03 de marzo 2026
En una ofensiva sin precedentes que marca el hito más grave en décadas de hostilidad, las fuerzas combinadas de Estados Unidos e Israel lanzaron el 28 de febrero de 2026 la operación “Furia Épica”, un ataque masivo coordinado contra múltiples objetivos en territorio iraní. Según informes recientes, la ofensiva logró descabezar al régimen teocrático al confirmarse la muerte del Líder Supremo, el Ayatolá Alí Jamenei, durante un bombardeo cronometrado para coincidir con una reunión de su círculo cercano.
La operación militar, que Washington describe como una campaña prolongada y no un ataque relámpago, ha alcanzado más de 1,000 objetivos estratégicos, logrando la superioridad aérea sobre Teherán. Explosiones simultáneas se reportaron en zonas céntricas de la capital, así como en ciudades clave como Isfahán, Tabriz y Qom, apuntando al aparato de seguridad de la Guardia Revolucionaria y a la milicia Basij. El costo humano es devastador: se estima que más de 550 personas han muerto en Irán, incluyendo un trágico bombardeo en una escuela en Minab que dejó al menos 150 víctimas. Por su parte, Washington ha confirmado las primeras tres bajas militares estadounidenses en la zona de conflicto.
Esta escalada es el desenlace de una enemistad que se remonta a la Revolución Islámica de 1979, cuando el derrocamiento del Sha Mohamed Reza Pahlavi y la posterior crisis de los rehenes en la embajada estadounidense transformaron a Irán de un aliado estratégico en el “Gran Satán” para Washington. Tras años de sanciones y el colapso del acuerdo nuclear (JCPOA) en 2018 bajo el mandato de Donald Trump, la tensión mutó en confrontación directa. Los antecedentes más inmediatos incluyen el asesinato del general Qasem Soleimani en 2020 y la Operación Martillo de Medianoche en junio de 2025, donde EE. UU. bombardeó sitios nucleares iraníes en respuesta a ataques previos contra Israel.
La respuesta iraní ha comenzado a regionalizar el conflicto, con ataques de drones y misiles contra aliados del Golfo y bases estadounidenses en países como Kuwait y Qatar. Asimismo, el “Eje de la Resistencia”, liderado por Hezbolá en Líbano y milicias en Irak y Yemen, ha amenazado con represalias masivas. El impacto económico es global: el tráfico de petróleo en el Estrecho de Ormuz, por donde circula el 20% del crudo mundial, ha caído en picado, disparando el pánico en los mercados de valores y las primas de seguro de guerra.
Mientras el Consejo de Seguridad de la ONU y potencias como China y Rusia piden un cese inmediato de las hostilidades, la administración Trump ha dejado claro que la prioridad es la destrucción del régimen de los Ayatolas para eliminar definitivamente la amenaza nuclear. Sin embargo, la falta de un liderazgo unificado en la oposición interna iraní plantea dudas sobre si este vacío de poder derivará en una transición democrática o en una desestabilización permanente de Oriente Medio.






