Ciudad de México, 4 de febrero de 2026. — El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, calificó como “muy positivo” su reciente diálogo telefónico con el presidente de China, Xi Jinping, en una conversación amplia sobre comercio, seguridad y asuntos geopolíticos, justo antes de una visita oficial programada para abril de este año. Las declaraciones se dan en medio de un panorama internacional que exige estabilidad entre las dos mayores economías del mundo.
A través de su plataforma en redes sociales, Truth Social, Trump dijo que la relación con China —y su vínculo personal con Xi— es “extremadamente buena”, y subrayó la importancia de mantenerla así para favorecer la cooperación bilateral en temas cruciales.
Una conversación extensa y temas de alto nivel
Según el propio presidente estadounidense, la llamada fue “larga y minuciosa” e incluyó asuntos de comercio bilateral, la guerra entre Rusia y Ucrania, la situación en Irán, y temas de seguridad regional, como la cuestión de Taiwán. Trump también mencionó la posible compra por parte de China de más productos agrícolas estadounidenses, lo que podría significar un impulso para el sector agrícola de EE. UU. en el corto plazo.
El diálogo se presenta como un gesto de acercamiento antes del esperado viaje de Trump a Beijing en abril, donde se prevé que discuta directamente con Xi asuntos económicos y políticos que han sido motivo de tensión durante años.
Por su parte, medios estatales chinos señalaron que Xi enfatizó la necesidad de abordar las diferencias con respeto mutuo y continuar la comunicación para “lograr soluciones a las preocupaciones de ambos países”, aunque también reiteró la postura de Pekín sobre temas delicados como la unidad nacional en torno a Taiwán, considerado por China como parte de su territorio.
Contexto de las relaciones sino-estadounidenses
La relación entre Estados Unidos y China ha estado marcada por tensiones comerciales, aranceles y disputas tecnológicas durante gran parte de la última década. Bajo administraciones recientes, estas tensiones incluyeron tarifas elevadas y conflictos sobre acceso al mercado y propiedad intelectual. Sin embargo, en los últimos meses tanto Washington como Pekín han buscado aliviar la confrontación, en parte impulsados por la necesidad de estabilidad económica global y la presión interna en sectores como agricultura e industria manufacturera.
Trump ha promovido su enfoque como una estrategia para disminuir la incertidumbre en los mercados y enfatizar la cooperación económica, aunque gran parte de los detalles concretos de cualquier acuerdo o compromiso formal aún no han sido revelados.
Taiwán y seguridad regional: un punto de fricción
Uno de los temas más sensibles en cualquier negociación entre Estados Unidos y China es Taiwán. Pekín considera a la isla como parte de su territorio y ha insistido ante Washington en que las fuerzas estadounidenses deben abordar con “gran cautela” cualquier venta de armas o apoyo militar, posición que Xi subrayó durante el intercambio con Trump.
Para Washington, la seguridad de Taiwán y su presencia geopolítica en la región del Indo-Pacífico sigue siendo un tema de interés estratégico que complica el equilibrio entre cooperación y confrontación. Esto significa que, aunque los líderes se feliciten por los avances en el diálogo, las diferencias estructurales sobre soberanía y seguridad podrían persistir como desafío clave en futuras negociaciones.
Un análisis con matices
La estrategia comunicativa de Trump —presentar el diálogo como “muy positivo”— cumple varias funciones: proyectar estabilidad antes de una visita diplomática, tranquilizar a los mercados frente a tensiones geopolíticas y reforzar una narrativa de liderazgo internacional. Sin embargo, el lenguaje optimista no siempre se traduce en resultados tangibles inmediatos, y las divergencias sobre comercio, tecnología y seguridad regional aún requieren negociaciones técnicas profundas antes de convertirse en acuerdos concretos.
Además, la percepción pública y mediática puede interpretar estos intercambios de forma distinta: mientras algunos ven en la conversación una señal de diplomacia efectiva, otros analistas advierten que la retórica positiva podría ocultar desacuerdos no resueltos que volverán a la superficie en cumbres internacionales o reuniones ministeriales.
¿Qué sigue en la agenda bilateral?
El foco ahora estará en la visita de Trump a China en abril, donde se espera que ambas partes formalicen acuerdos comerciales, revisen temas de seguridad regional y establezcan compromisos de cooperación en sectores estratégicos como energía y agricultura. La reunión será observada de cerca por gobiernos y mercados globales, ya que cualquier avance o retroceso podría influir en decisiones económicas, inversiones y alianzas multilaterales en un mundo cada vez más interdependiente.
En suma, aunque la llamada telefónica entre Trump y Xi pinta una escena de diálogo constructivo, el verdadero desafío será traducir ese tono positivo en acciones concretas que reduzcan tensiones estructurales y fortalezcan la cooperación entre dos potencias cuyos intereses a menudo divergen.


