Veracruz: un mercado de 2 millones de personas que aún no detona su propia ola fintech

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Por: Redacción El Censal | Xalapa, Veracruz | 26 de febrero de 2026

Veracruz no figura hoy como un polo relevante en el mapa fintech nacional. El ecosistema mexicano, de acuerdo con el más reciente Fintech Radar elaborado por Finnovista y citado por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), supera las 650 startups fintech activas en el país, concentradas principalmente en Ciudad de México, Nuevo León y Jalisco. Sin embargo, ninguna ciudad veracruzana aparece entre los principales hubs del sector.

El contraste es significativo si se considera el tamaño del mercado local. Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), Veracruz cuenta con más de 8 millones de habitantes, lo que lo coloca entre las entidades más pobladas del país. Además, su estructura económica es diversa: actividades portuarias, agroindustria, comercio y servicios financieros tradicionales conviven en un territorio con alta dispersión geográfica y marcadas brechas de inclusión financiera.

Datos de la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF), elaborada por INEGI y la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (CONDUSEF), muestran que en México alrededor del 67% de la población adulta tiene al menos un producto financiero formal. Aunque la encuesta no desagrega ampliamente por entidad en todos los rubros, estados del sur-sureste tienden a registrar niveles de inclusión por debajo de la media nacional. Esto sugiere que Veracruz representa un mercado con margen de expansión para soluciones digitales de pago, crédito y ahorro.

Desde el punto de vista empresarial, el estado también presenta una base potencial. El Directorio Estadístico Nacional de Unidades Económicas (DENUE) del INEGI registra más de 350 mil unidades económicas en Veracruz, predominando micro y pequeñas empresas. Este segmento es precisamente uno de los principales usuarios de servicios fintech en México: plataformas de crédito alternativo, factoraje digital y soluciones de cobro electrónico han crecido a tasas de doble dígito en los últimos años a nivel nacional, según reportes públicos de la CNBV.

¿Por qué, entonces, Veracruz no ha desarrollado un ecosistema fintech propio?

Especialistas consultados en foros del sector financiero coinciden en tres factores estructurales: acceso limitado a capital de riesgo, baja articulación entre universidades y sector privado, y ausencia de incentivos fiscales o regulatorios estatales específicos. Mientras estados como Nuevo León han impulsado clústeres tecnológicos con apoyo gubernamental y vinculación empresarial, Veracruz no cuenta con una política pública focalizada en innovación financiera.

A ello se suma un entorno económico que, si bien es amplio en tamaño, enfrenta retos en informalidad laboral y penetración digital. Según cifras del INEGI, la tasa de informalidad laboral en la entidad supera el 60%, lo que reduce la bancarización formal y complica la evaluación crediticia tradicional. Paradójicamente, este mismo factor podría representar una oportunidad para modelos alternativos basados en scoring digital y análisis de datos no tradicionales.

Desde una perspectiva de mercado, si se considera que alrededor del 30% de la población adulta podría estar subatendida financieramente —siguiendo la brecha nacional estimada por ENIF—, el universo potencial en Veracruz podría superar 1.5 millones de personas sin acceso pleno a servicios financieros digitales. A esto se suman miles de pequeños negocios que aún operan predominantemente en efectivo.

El reto no parece ser de demanda, sino de ecosistema. Sin fondos locales de inversión especializados, sin programas estatales robustos de sandbox regulatorio complementario al marco federal y sin incentivos fiscales para startups tecnológicas, el talento local tiende a migrar hacia Ciudad de México o Guadalajara.

Para inversionistas nacionales, Veracruz representa un mercado grande, con baja saturación fintech y necesidades financieras claras en sectores productivos estratégicos como agroindustria, comercio minorista y logística portuaria. El potencial está identificado en los datos demográficos y económicos; lo que falta es una política deliberada que transforme esa escala en innovación financiera local.

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