Ángel Toledo Tolentino
Licenciado en Economía (Universidad Cristóbal Colón),maestro en Estudios Urbanos (El Colegio de México) y doctor en Estudios del Desarrollo (Universidad Autónoma de Zacatecas). Profesor por asignatura en la Facultad de Economía de la Universidad Veracruzana (UV). Miembro del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII) con nivel de Candidato. Líneas de investigación: zonas metropolitanas de Veracruz, inversión extranjera directa (nearshoring) y crecimiento económico regional.
La economía del estado de Veracruz muchas veces se explica desde los puertos o la añoranza del campo. Es común escuchar: ¡Veracruz, el estado que lo tiene todo! No obstante, muy pocas veces las cifras van de la mano con estos dichos. Al estudiar los datos del Censo Económico 2023 por rama de actividad, elaborado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), y procesarlos mediante el Coeficiente de Localización (CL), la realidad surge con frialdad: nuestra entidad está lejos de ser un bloque productivo homogéneo; por lo contrario, lo que se observa es un mosaico de “islas productivas” y “océanos de servicios” cuya supervivencia se encuentra en la incertidumbre.
Bajo este contexto ¿Qué es el Coeficiente de Localización (CL)? Imagine que la entidad veracruzana es una gran cocina donde se preparan diversos alimentos. Si en promedio todos los municipios dedican un solo trabajador para producir pambazos, pero uno en particular (Xalapa) resalta al poner diez trabajadores en la elaboración de dicho producto, en ese municipio existe una “especialización” laboral.
En este ejercicio numérico basado en el INEGI, la variable que se considera es el Personal Ocupado; es decir, medimos el rostro humano de la economía: el empleo. El CL nos muestra en qué actividades se localiza el trabajo de forma inusual a nivel municipal. Si el valor es igual a 1, el municipio es normal: tiene la actividad de empleados esperados para esa actividad, igual al promedio estatal. Si es menor que 1, se tiene un déficit de personal. En cambio, si el indicador es mayor a 1 (superior al promedio estatal), estamos frente a una actividad básica o exportadora: es el motor que atrae ingresos y define en qué trabajan los habitantes de ese municipio.
Bajo lo anterior, los números exhiben casos de una especialización tan desproporcionada que raya en la vulnerabilidad. Los máximos del CL son asombrosos. En el norte, Tantima presenta un CL de 282 en la fabricación de productos de cuero y piel; esto significa que la proporción de personas dedicadas a esta actividad es casi 300 veces superior al promedio estatal. Estos niveles de especialización dejan en claro que el sustento de localidades enteras depende del empleo concentrado en una actividad productiva.
Lo mismo pasa en Tlalnelhuayocan, lugar donde la acuicultura alcanza un CL de 124. Estos niveles de especialización extrema son, al mismo tiempo, contrastantes: su fortaleza es su debilidad. En municipios donde el empleo depende de un único rubro, si éste entra en crisis, el ingreso de buena parte del municipio se encontrará en riesgo.
Por otro lado, los municipios urbanos más importantes muestran un nivel de especialización diferente. El municipio de Veracruz consolida su papel histórico como la puerta de México: sus valores en logística y transporte marítimo (mayores a 5.6) reflejan una masa de personas trabajando en actividades relacionadas con el comercio internacional. Por su aporte, Coatzacoalcos, con un CL de 11.9 en la fabricación de productos químicos básicos, reafirma su identidad industrial.
Xalapa, nuestra capital, funciona como contrapeso. No refleja picos de tres dígitos, sino una base diversificada en comercio y en servicios. Con indicadores sólidos en cultura, educación y consultoría, la capital se constituye como el núcleo intelectual y administrativo que emplea a profesionales de diversas áreas, otorgando estabilidad al centro del estado.
Pese a lo anterior, la película completa muestra silencios preocupantes. Hay varios municipios con nula o poca presencia de actividades productivas, señales de vacíos sectoriales y espaciales importantes. Existen municipios donde la palabra industria solo se aprecia en los libros de texto, mientras que el empleo se refugia en actividades de subsistencia o en la informalidad.
La lección que muestra la estadística es clara: es necesario diseñar políticas públicas sectoriales que integren la diversidad regional y productiva. Si el dato nos dice que el sustento de gran parte de un municipio o municipios depende de una o muy pocas actividades, la estrategia debe ser proteger ese empleo y, al mismo tiempo, diversificarlo.
Nuestro estado es un ente de mil rostros, y el Coeficiente de Localización nos permite mirarlo de frente, sin los velos del romanticismo político.


