Donald Trump evalúa en privado la salida de Estados Unidos del T-MEC

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Por: Redacción El Censal |WASHINGTON D.C. | 11 de febrero de 2026

El escenario comercial de América del Norte se encuentra nuevamente en un punto de alta tensión tras filtrarse que el presidente Donald Trump ha discutido de manera privada la posibilidad de retirar a Estados Unidos del T-MEC. Esta postura surge en un momento crítico, justo cuando el pacto trilateral se aproxima a su primera revisión obligatoria programada para julio de 2026, lo que añade una capa de incertidumbre legal y financiera a una de las regiones más integradas del mundo.

Aunque el T-MEC fue el resultado de una renegociación impulsada por el propio Trump durante su primer mandato, el mandatario parece estar utilizando la amenaza de abandono como una herramienta política para ganar ventaja en las mesas de diálogo. La administración actual ha dejado entrever que el acuerdo, tal como está, no satisface plenamente sus objetivos de reducir el déficit comercial con México y frenar la expansión de la manufactura china en la región. La falta de consenso con Canadá en reuniones previas solo ha alimentado la retórica de una posible ruptura del bloque para transitar hacia acuerdos puramente bilaterales.

Análisis Económico: El alto costo de la incertidumbre

Una eventual salida de Estados Unidos del T-MEC no representaría simplemente un cambio de reglas, sino una reconfiguración traumática de la economía regional. Desde una perspectiva técnica, el primer impacto sería la reversión de los aranceles a las tasas de “Nación Más Favorecida” (NMF) de la Organización Mundial del Comercio. Aunque el promedio de estas tasas en EE. UU. es cercano al 2%, sectores estratégicos como el automotriz y el agroindustrial enfrentarían barreras mucho más severas, rompiendo cadenas de suministro que llevan tres décadas perfeccionándose.

Para México, las consecuencias serían especialmente agudas debido a su dependencia estructural: más del 80% de sus exportaciones tienen como destino el mercado estadounidense. Una ruptura del tratado provocaría una contracción inmediata en la Inversión Extranjera Directa (IED), ya que muchas empresas se han instalado en territorio mexicano bajo la premisa del acceso libre de aranceles al norte. Además, la incertidumbre financiera ejercería una presión a la baja sobre el peso mexicano, encareciendo las importaciones y alimentando la inflación interna.

Por otro lado, la economía estadounidense no quedaría inmune. El sector agrícola de EE. UU., que tiene en México a uno de sus principales compradores de granos y carne, vería una caída drástica en sus márgenes de ganancia. Asimismo, el consumidor estadounidense enfrentaría un aumento de precios en productos básicos y manufacturados, lo que podría contradecir los esfuerzos por mantener la estabilidad económica. En última instancia, la disolución del T-MEC abriría un vacío competitivo que potencias externas, especialmente China, estarían listas para ocupar, debilitando la hegemonía comercial de Norteamérica a largo plazo.

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