Rafael E. Hernández Rodríguez
Economista de profesión, Maestro en Administración Pública y Doctorante en Investigaciones Económicas y Sociales. Temas de interés desigualdad, economía de la salud, sector público.
Corazones especiales festejando el 14 de febrero.
En el marco del 14 de febrero, Día del Amor y la Amistad, esta fecha adquiere un significado especial para las personas que viven con una cardiopatía congénita y para sus familias. Más allá del simbolismo afectivo que tradicionalmente se asocia al corazón, este día ofrece una oportunidad para visibilizar los desafíos médicos, sociales y estructurales que enfrentan quienes nacen con malformaciones cardíacas y requieren atención especializada a lo largo de su vida.
Las enfermedades cardiovasculares continúan siendo un problema de salud pública de primer orden tanto a nivel mundial como en México. En 2025, las enfermedades del corazón se mantuvieron como la principal causa de muerte en el país, con 51,382 defunciones registradas tan solo en el primer trimestre del año, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía. Esta cifra confirma la persistencia de una elevada carga epidemiológica y la necesidad de fortalecer las estrategias de prevención, diagnóstico y tratamiento.
Dentro de este amplio grupo de padecimientos, las cardiopatías congénitas constituyen las anomalías estructurales más frecuentes al nacimiento. En México se estima que cada año entre 18,000 y 20,000 recién nacidos presentan algún tipo de malformación cardíaca, lo que equivale aproximadamente al 1 % de los nacidos vivos. Estas cifras representan no solo un desafío clínico, sino también un reto para la planeación y suficiencia del sistema de salud.
La gravedad de estas malformaciones es variable: algunas requieren únicamente vigilancia y seguimiento clínico; otras demandan intervenciones altamente especializadas, como procedimientos de hemodinamia, cateterismos intervencionistas y cirugías cardiovasculares pediátricas de alta complejidad. Instituciones como el Hospital Infantil de México Federico Gómez realizan anualmente alrededor de 320 cateterismos y 250 cirugías correctivas. De manera complementaria, el Instituto Nacional de Cardiología Ignacio Chávez lleva a cabo cada año cientos de procedimientos quirúrgicos y estudios especializados en población pediátrica y adulta con cardiopatías congénitas. No obstante, aun considerando la capacidad instalada de estas instituciones de tercer nivel, la oferta de servicios continúa siendo insuficiente frente al volumen estimado de nacimientos con estas afecciones.
El acceso oportuno a la atención médica especializada incide directamente en la esperanza y calidad de vida de estos pacientes. Como señala el doctor Alfonso Buendía (2005): “La cirugía paliativa y después la cirugía abierta demostraron que podían cambiar la historia natural de muchos de ellos y entonces las instituciones se dedicaron al cuidado de ellos, favoreciendo la enseñanza, la especialización y sobre todo la formación de grupos que trabajaran. La clínica, el electrocardiograma y el estudio radiológico de tórax permiten identificar las características más representativas de la cardiopatía, con lo cual se clasifica; después la estructura cardíaca se estudia de manera secuencial con la ayuda del ecocardiograma que nos permite observar el cómo, el qué y dónde de las conexiones del corazón” (Buendía, 2005).
La cirugía de corazón abierto ha permitido que un número creciente de pacientes con cardiopatías congénitas alcance la edad adulta. Sin embargo, sobrevivir a una intervención de alta complejidad no elimina los desafíos posteriores. A medida que la persona crece, también se amplían sus necesidades sociales, educativas y laborales. La inserción en el mercado laboral y el acceso a condiciones dignas de empleo se convierten en factores fundamentales para garantizar una vida plena.
Si bien existen tratamientos efectivos capaces de salvar vidas y mejorar la calidad de vida, no todos los recién nacidos con cardiopatías congénitas acceden de manera equitativa a la atención médica necesaria. Las desigualdades económicas, geográficas y estructurales influyen de forma determinante en las posibilidades de diagnóstico temprano, tratamiento oportuno y seguimiento integral. Esta realidad subraya la urgencia de fortalecer políticas públicas que garanticen atención continua, equitativa y de calidad para todas las personas con cardiopatías congénitas en México.
En este sentido, el corazón deja de ser únicamente un símbolo romántico para convertirse en un emblema de fortaleza, ciencia y esperanza. Esta reflexión se dedica, de manera especial, a todas las personas que viven con una cardiopatía congénita: niñas, niños, jóvenes y adultos que, con valentía, han enfrentado diagnósticos, cirugías y tratamientos, transformando cada latido en una muestra de resiliencia. Asimismo, se extiende un profundo reconocimiento y felicitación a las y los médicos, enfermeras, cirujanos, investigadores y equipos multidisciplinarios que, con su conocimiento, vocación y compromiso, han logrado cambiar la historia natural de estas enfermedades y mejorar significativamente la calidad y esperanza de vida de sus pacientes. Que este día sea también una celebración de la vida, de la ciencia y del esfuerzo compartido por cuidar el corazón en su sentido más amplio y humano


