Ciudad de México, 8 de abril de 2026.
BlackRock, la mayor gestora de activos del mundo, volvió a colocarse en el centro de la conversación económica en México luego de que su director ejecutivo, Larry Fink, sostuviera un acercamiento con la presidenta Claudia Sheinbaum para conversar sobre nuevas oportunidades de inversión en el país. El interés no parte de cero: la firma ya mantiene posiciones relevantes en empresas mexicanas y busca ampliar su presencia en sectores estratégicos como infraestructura, transporte, materiales y servicios financieros.
De acuerdo con información publicada por EL CEO, BlackRock posee participaciones importantes en algunas de las compañías más representativas del mercado mexicano. Entre ellas destaca su posición en Grupo Aeroportuario del Centro Norte, OMA, donde mantiene una participación de 11.51%; también figura Cementos Mexicanos, Cemex, con 9.14% al cierre de 2025, y Grupo Financiero Banorte, donde reportaba 7.32% hasta febrero de 2026. Estas posiciones reflejan una estrategia enfocada en negocios con exposición a infraestructura, construcción, movilidad y servicios financieros, sectores que suelen beneficiarse cuando una economía busca ampliar inversión productiva.
Más allá del mercado accionario, BlackRock también busca espacio en proyectos físicos de largo plazo. La propia presidenta Sheinbaum señaló que la firma tiene inversiones vinculadas con el Puerto de Manzanillo, uno de los nodos logísticos más importantes del país. Además, el interés del fondo por México se ha extendido en años recientes a proyectos asociados con el desarrollo del Istmo de Tehuantepec, una zona que el gobierno federal considera clave para fortalecer comercio, conectividad y relocalización industrial.
El momento no es casual. El gobierno mexicano presentó un plan para detonar 5.6 billones de pesos en inversión público-privada hacia 2030, con una parte significativa canalizable en el corto plazo. La estrategia contempla proyectos en energía, trenes, carreteras, puertos, salud, agua, educación y aeropuertos, justamente áreas donde grandes administradores de capital como BlackRock pueden encontrar oportunidades de entrada mediante esquemas mixtos de coinversión.
En paralelo, la presencia de BlackRock en México no sólo se limita a comprar acciones en bolsa. También participa en vehículos de inversión estructurados listados en el mercado mexicano, diseñados para canalizar capital hacia activos como infraestructura, bienes raíces y proyectos empresariales de largo plazo, lo que confirma su interés en consolidar una estrategia integral dentro del país.
La lectura para el mercado es clara: BlackRock no está viendo a México únicamente como una plaza bursátil, sino como una economía donde puede combinar posiciones accionarias con apuestas de infraestructura y financiamiento estructurado. En un entorno de bajo crecimiento económico, la llegada de capital institucional a proyectos estratégicos puede convertirse en una palanca relevante para elevar inversión fija, mejorar logística y reforzar sectores clave. Sin embargo, el tamaño de estas apuestas dependerá de factores como certeza jurídica, reglas claras y la capacidad del gobierno para convertir anuncios en proyectos rentables y ejecutables.

