EE. UU. anuncia salida de 66 organismos internacionales, incluidos 31 relacionados con la ONU

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Washington D. C. — 8 de enero de 2026. El gobierno de Estados Unidos, encabezado por el presidente Donald Trump, ordenó la retirada del país de 66 organismos internacionales, entre ellos 31 entidades vinculadas a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), como parte de una estrategia orientada a reforzar lo que la administración define como intereses y soberanía nacional.

La decisión fue formalizada mediante un memorando presidencial que instruye a dependencias y agencias federales a suspender la participación y el financiamiento en dichas instancias, marcando uno de los mayores giros de Estados Unidos respecto al multilateralismo en décadas recientes.

Argumentos del gobierno estadounidense

La Casa Blanca sostuvo que varios de los organismos internacionales de los que se retira el país no responden a las prioridades de seguridad, económicas y políticas de Estados Unidos, además de presentar problemas de gestión, duplicidad de funciones o posturas contrarias a su agenda nacional.

Entre las entidades afectadas se encuentran organismos relacionados con cambio climático, derechos humanos, migración, igualdad de género, desarrollo social y cooperación internacional, áreas que han sido objeto de debate dentro de la política exterior estadounidense.

Reacciones y efectos en la cooperación internacional

Especialistas en relaciones internacionales advierten que esta decisión podría debilitar la influencia de Estados Unidos en la gobernanza global y abrir espacio para que otras potencias incrementen su presencia y liderazgo en organismos multilaterales.

Desde la ONU, representantes han expresado preocupación por el impacto que la salida de Estados Unidos podría tener en programas internacionales, particularmente aquellos vinculados a acción climática, salud pública y derechos humanos, aunque subrayaron que las operaciones continuarán con el respaldo de otros países miembros.

Consecuencias y panorama a futuro

Además de suspender su participación institucional, el gobierno estadounidense prevé redirigir recursos financieros y diplomáticos hacia iniciativas bilaterales o alianzas estratégicas consideradas más alineadas con sus intereses nacionales.

Mientras partidarios de la medida la defienden como un paso hacia una política exterior más independiente, críticos advierten que podría incrementar el aislamiento internacional de Estados Unidos y generar tensiones con aliados tradicionales que apuestan por la cooperación multilateral como herramienta clave para enfrentar desafíos globales.

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