Madrid, España.— El Mundial 2026 no sólo se juega en la cancha. También se disputa en oficinas, llamadas privadas y negociaciones millonarias que están moviendo el mercado europeo en plena concentración de selecciones.
La Copa del Mundo suele ser una vitrina para que los futbolistas aumenten su valor después del torneo. Sin embargo, en esta edición varios jugadores han decidido resolver su futuro antes de que termine la competencia, incluso horas antes o después de disputar partidos clave.
El mercado no espera al final del Mundial
Uno de los casos más llamativos es el de Marc Cucurella, anunciado como nuevo jugador del Real Madrid mientras España iniciaba su participación en el Mundial 2026. El lateral llegó procedente del Chelsea en una operación de 55 millones de euros, equivalentes a unos 63 millones de dólares.
El movimiento generó debate en España porque coincidió con el debut de la selección, que empató 0-0 ante Cabo Verde, un resultado inesperado para la campeona de Europa. La duda fue inmediata: ¿pueden los fichajes distraer a una selección durante un Mundial?
España, en el centro de las operaciones
La selección española ha sido una de las más involucradas en este mercado acelerado. Además de Cucurella, Víctor Muñoz fue fichado por el Liverpool en una operación valuada en 40 millones de euros.
A la lista se suman otros nombres de La Roja: Alex Grimaldo estaría cerca de dejar el Bayer Leverkusen para incorporarse al Atlético de Madrid, mientras que Pedro Porro renovó con Tottenham durante el desarrollo del torneo.
¿Distracción o tranquilidad para los jugadores?
El debate no es menor. Para algunos entrenadores, cerrar un fichaje durante un Mundial puede quitar presión al futbolista, darle claridad y permitirle concentrarse mejor. Para otros, las llamadas, representantes, contratos y revisiones médicas pueden romper la rutina de una selección.
Luis de la Fuente, técnico de España, negó que estas operaciones afecten al grupo. Su postura es que las buenas noticias personales también pueden beneficiar al ánimo colectivo del equipo.
Real Madrid, Liverpool y Tottenham aceleran el mercado
El Real Madrid también anunció acuerdos para incorporar al francés Ibrahima Konaté y al portugués Bernardo Silva, ambos concentrados con sus selecciones durante el Mundial.
Por su parte, el Tottenham cerró el fichaje del neerlandés Jan Paul van Hecke desde Brighton, en una operación estimada en 52 millones de libras, unos 69 millones de dólares.
El Bayern Munich también aparece en el radar, con reportes sobre un acuerdo por el marroquí Ismael Saibari, una de las revelaciones del torneo, por cerca de 55 millones de euros.
Inglaterra también enfrenta presión millonaria
El caso que podría romper el mercado es el de Elliott Anderson, mediocampista inglés del Nottingham Forest. El Manchester City estaría cerca de cerrar una operación que podría superar los 120 millones de libras, unos 160 millones de dólares, lo que lo convertiría en uno de los fichajes ingleses más caros de la historia.
Thomas Tuchel, seleccionador de Inglaterra, ha reconocido que impedir negociaciones durante un Mundial resulta poco realista. Su postura es permitirlas siempre que se manejen con discreción y no interfieran directamente con los partidos.
El Mundial como escaparate financiero
Más allá de los grandes nombres, el Mundial 2026 está funcionando como una plataforma de valorización inmediata. Jugadores como Folarin Balogun, Elijah Just, Johan Manzambi y Ayyoub Bouaddi han despertado interés de clubes europeos tras sus actuaciones en la fase de grupos.
En términos deportivos, el torneo mide rendimiento. En términos económicos, mide valor de mercado. Cada gol, asistencia o actuación destacada puede traducirse en millones de euros.
Una nueva realidad del futbol global
El Mundial ya no detiene el mercado: lo acelera. Los clubes buscan anticiparse a la competencia, los representantes aprovechan la exposición global y los jugadores intentan asegurar contratos antes de que una lesión, una eliminación temprana o una mala actuación cambien su cotización.
La pregunta de fondo es si esta dinámica afecta el espíritu de las selecciones. Por ahora, el mensaje parece claro: mientras el balón rueda en el Mundial 2026, el negocio del futbol también juega su propio partido.

