Por: Redacción El Censal | Xalapa, Veracruz | 28 de julio de 2025
Según la Encuesta Nacional sobre el Uso del Tiempo (ENUT) 2024 del Inegi, las mujeres dedican 66.8 % del total de su tiempo de trabajo a actividades no remuneradas, frente al 33.2 % que destinan los hombres. En promedio, trabajan 61.1 horas semanales, superando a los hombres, que registran 58.0 horas.
Este desequilibrio se refleja también en las horas específicas: las mujeres invierten 39.7 horas a la semana en labores domésticas, de cuidados y voluntariado, mientras que los hombres destinan apenas 18.2 horas; es decir, 21.5 horas más.
Además, en el cuidado de niños menores de cinco años, las mujeres trabajan 9.4 horas más que los hombres, y en la atención a personas enfermas o con discapacidad, la brecha es de 5.3 horas semanales.
Finalmente, destacar que en localidades rurales o con menos de 10,000 habitantes, la discrepancia es aún mayor, con las mujeres dedicando hasta 26 horas más a tareas no remuneradas que los hombres (frente a una brecha de 19 horas en zonas urbanas).
Análisis editorial
1. Economía de género y productividad
Estas cifras reflejan una estructura profundamente desigual: las mujeres no solo trabajan más horas, sino que muchas de ellas no generan ingreso por ese esfuerzo. Esa labor invisible —pilar económico y social— no se reconoce como fuerza productiva, perpetuando desigualdades laborales. Sin apoyo institucional o redistribución del trabajo doméstico, las mujeres enfrentan una limitación estructural para acceder, progresar o mantenerse en empleos remunerados.
2. Brechas territoriales: el peso rural
El panorama empeora en zonas rurales: la brecha de género es significativamente más amplia en localidades pequeñas, reflejo de arraigos culturales, menor acceso a servicios como cuidado infantil y menor presencia de políticas públicas que fomenten la corresponsabilidad familiar.
3. Repercusiones en bienestar y desarrollo
La sobrecarga de trabajo no remunerado puede derivar en mayor estrés, menos tiempo para el autocuidado y menor participación en actividades formativas y sociales. A largo plazo, esto puede traducirse en impactos negativos en salud, desarrollo profesional y bienestar general de las mujeres.
4. Políticas públicas e institucionalidad
Estos datos apuntan a la urgencia de políticas orientadas a:
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Crear redes de cuidado accesibles, públicas o subvencionadas.
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Fomentar la corresponsabilidad doméstica mediante incentivos o campañas de cambio cultural.
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Promover educación y sensibilización sobre el valor del trabajo no remunerado.
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Diseñar horarios laborales adaptables, que contemplen responsabilidades familiares.
5. Implicaciones a nivel macroeconómico
Un país que subestima el tiempo dedicado a labores familiares pierde millones de horas de potencial productivo. Además, esta desigualdad afecta la participación femenina en la economía formal, sustento clave para crecimiento inclusivo y equitativo.