Esp. Luis Arturo Acosta Rodríguez
Licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad Veracruzana (UV) y Especialista en promoción de la lectura. Promotor de lectura, docente y conferencista con experiencia en el diseño e impartición de talleres de inclusión, accesibilidad y sensibilización sobre discapacidad.
Vivimos y generamos redes de significado de manera multidimensional: palabras, circuitos, pulsos neuronales y pantallas táctiles. Los confines de la lectura se han extendido más allá de la tinta, pues hoy se accede a historias a través de redes digitales, algoritmos e interfaces que no solo median la experiencia, sino que la configuran. En el contexto de la literacidad contemporánea, la esencia humana ha adquirido un carácter híbrido que le permite leer mientras, simultáneamente, es leída por sistemas de indexación, optimización y vigilancia. Esta condición posthumana permite pensar la tecnología no como un mero instrumento, sino como una relación afectiva y constitutiva de la experiencia humana, estableciendo así un nuevo entendimiento ontológico de la producción de conocimiento.
La teoría posthumanista propone que lo humano mantiene una conexión histórica e indisociable entre cuerpo y técnica. Bajo esta premisa, el sujeto humano es ciborg en virtud de sus facultades relacionales con los elementos de su entorno: biológicos, tecnológicos, culturales y sociales. El sujeto no solo responde a su contexto, sino que lo integra como parte de su propia constitución. Desde esta perspectiva, los enfoques posthumanistas sostienen que lo humano no se define por oposición a lo no humano; en consecuencia, se problematizan categorías binarias como “vivo” y “no vivo”, “pensamiento” y “máquina”, “natural” y “artificial”. Estas oposiciones derivan del humanismo ilustrado, que situó al ser humano como centro del mundo y relegó a todo lo demás al estatuto de herramientas pasivas.
Cuando se habla del sujeto contemporáneo, puede pensarse como un sujeto rizomático. El concepto de rizoma abre la posibilidad de comprender la subjetividad como una red descentralizada, múltiple e interconectada, semejante a las raíces de una planta. El sujeto rizomático se configura en un plano relacional: no posee un núcleo fijo, sino uno fluctuante que integra cuerpo, tecnología, naturaleza y prácticas sociales. Así, la identidad se produce de manera situada y contingente, a partir de conexiones concretas; cada red relacional genera singularidades y potencias específicas. Este sujeto es interdependiente, pues sus capacidades y vulnerabilidades están siempre co-constituidas por fuerzas externas que no funcionan simplemente como instrumentos de un “yo” soberano.
¿Cómo se articula esta propuesta teórica con las nuevas formas de comprensión y expresión? En los últimos años, los sujetos han debido adaptarse a modos emergentes de relación con el lenguaje que reconfiguran tanto el mundo interno como el externo. Lo humano se vuelve ciborg a partir de su relación rizomática con la lectura multimodal: [se transforman los patrones de atención y memoria], se construye sentido en redes sociotécnicas y se experimentan narrativas encarnadas y distribuidas. La ubicuidad de los dispositivos digitales transforma la lectura en un acontecimiento que ya no está circunscrito a la página impresa, sino que se infiltra en gestos corporales, afectivos y cognitivos. La mediación tecnológica no es neutral; opera como un campo de fuerzas que co-configura experiencias de sentido mediante interfaces que priorizan formatos hipertextuales y no lineales, algoritmos que personalizan contenidos y gestionan la atención, y redes que convierten la lectura en una práctica social de alcance global.
La escritura y la lectura, en tanto formas simbólicas, están intrínsecamente ligadas a técnicas mediáticas que condicionan lo que puede ser pensado, dicho y sentido. Desde esta perspectiva, el filósofo Bernard Stiegler ha sostenido que la técnica no es exterior al sujeto, sino la condición misma de posibilidad de la memoria y la cultura humanas; las herramientas técnicas portan gramáticas de sentido que modelan la percepción y la cognición. En esta línea, la lectura puede entenderse como un acto material-técnico inscrito en una memoria externalizada en artefactos culturales.
Leer es un gesto performativo que reorganiza la relación entre cuerpo, lenguaje y máquina, produciendo modos específicos de ser y de saber. Leer es multitud: modos, tiempos, espacios, ontologías y sentidos. Desde esta óptica, la relación con las nuevas tecnologías no se reduce a una simple alteración del sistema de comprensión, sino a una articulación compleja entre todas las instancias que participan en la producción de significado.
Leer en tiempos posthumanos implica el reconocimiento de estas nuevas estructuras relacionales. Ya no se trata de un mecanismo aislado, sino de una identidad en movimiento con el mundo. En definitiva, somos ciborgs porque nuestras prácticas de lectura —y, por extensión, de conocimiento— están profundamente entrelazadas con tecnologías que nos configuran. Así, la pregunta ya no es únicamente qué leemos, sino cómo nos leemos a nosotros mismos, como sujetos constituidos en y por entornos tecnológicos.
Referencias
Ferrando, F. (2019). Philosophical posthumanism. Bloomsbury Publishing.
Snowling, M. J., & Hulme, C. (2025). The Reading Is Language Model: A Theoretical Framework for Language and Reading Development and Intervention. Annual Review of Developmental Psychology, 7(Volume 7, 2025), 195–218. https://doi.org/10.1146/annurev-devpsych-111323-084821
Stiegler, B. (1994). La technique et le temps. 1: La faute d’Épiméthée. Galilée.
Vila, P., & Avery-Natale, E. (2025). Assemblages and Identitarian Articulations. Subjectivity, 32(3), 192–220. https://doi.org/10.1057/s41286-025-00220-6


