Ciudad de México; 28 de enero de 2026.- México y Estados Unidos acordaron este 28 de enero iniciar formalmente la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), el principal acuerdo de libre comercio que rige gran parte del intercambio económico en Norteamérica desde 2020. En una reunión celebrada en Washington, D.C., el secretario de Economía mexicano, Marcelo Ebrard, y el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, anunciaron que están listos para comenzar conversaciones estructuradas sobre posibles cambios al tratado, aunque aún no se define plenamente la participación oficial de Canadá en este proceso.
La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR por sus siglas en inglés) señaló que entre los temas clave a discutir se encuentran las reglas de origen para bienes industriales, la cooperación sobre minerales críticos, la defensa de derechos laborales y productivos, así como estrategias para combatir prácticas de dumping.
¿Por qué es importante el inicio formal del T-MEC?
El T-MEC, sucesor del antiguo TLCAN, no solo facilita el comercio entre las tres economías regionales, sino que también se ha convertido en una pieza crítica para las cadenas de valor de sectores como el automotriz, agroindustrial y tecnológico. Su revisión sexenal, prevista legalmente para el 1 de julio de 2026, evalúa si el tratado continúa vigente, requiere ajustes o incluso una posible extensión por otros 16 años, un mecanismo que podría activar un ciclo de revisiones anuales si no se logra consenso este año.
Además, México y Estados Unidos han iniciado consultas públicas anticipadas —y Canadá se prepara para abrir las suyas— para que empresas, asociaciones civiles y ciudadanos aporten comentarios sobre el funcionamiento del T-MEC, como parte de un proceso previo a la revisión formal.
Expectativas frente a un proceso complejo
Aunque hay consenso político y empresarial en la necesidad de mantener un acuerdo sólido, las expectativas y tensiones también están presentes. Sectores como el automotriz han advertido sobre posibles retos frente a reglas de origen más estrictas y ajustes regulatorios que podrían afectar competitividad e inversiones si no se atienden con precisión técnica.
Analistas destacan que este proceso no es simplemente un ritual diplomático: las decisiones que se tomen pueden influir en la certidumbre de inversiones, empleo y relaciones económicas entre los tres países durante décadas. Sin embargo, también hay cuestionamientos sobre si los avances actuales se traducirán en acuerdos definidos o si la negociación real se extenderá más allá de 2026, como han sugerido expertos que anticipan un proceso que podría prolongarse hasta 2027 o 2028 si no se alcanza plena concordancia este año.
¿Hacia dónde va el comercio en Norteamérica?
Mientras gobiernos y sectores productivos preparan sus posiciones, la revisión del T-MEC se perfila como una prueba de fuego para la colaboración trilateral, pero también como un momento para evaluar el equilibrio entre intereses económicos, laborales y estratégicos en una economía global cada vez más compleja.
La pregunta clave ahora es si este arranque formal de la revisión será una hoja de ruta para un comercio más justo, eficiente y competitivo, o si —como advierten algunos críticos— terminará siendo un proceso largo y burocrático con pocos resultados concretos en el corto plazo.







