Por: Redacción El Censal |XALAPA, VER| 12 de febrero de 2026
En un paso legislativo que podría marcar un antes y después en el mercado laboral y la economía mexicana, el Senado de la República aprobó este miércoles la reforma constitucional que reduce gradualmente la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales. La medida busca modernizar la legislación laboral tras casi un siglo con el esquema vigente, pero no incorpora cambios clave en días de descanso semanal, lo que ha generado debate sobre su verdadero impacto económico y social.
¿Qué cambia con la reforma?
Con 103 votos a favor y 15 en contra, los legisladores avalaron tanto en lo general como en lo particular la modificación al Artículo 123 de la Constitución, que reduce de manera progresiva la jornada de trabajo:
- 2027: 46 horas
- 2028: 44 horas
- 2029: 42 horas
- 2030: 40 horas
La reducción será gradual para permitir que empresas y sectores productivos se adapten sin fricciones bruscas.
Los legisladores aseguraron que la reforma no implicará recortes en sueldos ni prestaciones, y que se mantendrá al menos un día de descanso por cada seis días laborados, con salario íntegro.
Beneficios económicos y sociales esperados
Desde una perspectiva económica y financiera, el cambio tiene múltiples implicaciones:
- Incremento potencial en productividad: países que han adoptado jornadas más cortas han observado mejoras en la concentración, bienestar y eficiencia por hora trabajada.
- Mejor equilibrio vida-trabajo: al reducir horas laborales sin disminuir ingresos, se espera que más personas dispongan de tiempo para descanso, educación o consumo, lo que puede impulsar la demanda interna.
- Competitividad laboral en el exterior: una jornada laboral más equilibrada puede volver al país más atractivo para talento global y empresas que valoran políticas laborales modernas.
Se estima que alrededor de 13.5 millones de trabajadores podrían verse beneficiados directamente por la reforma en cuanto entre en vigor completa en 2030.
Puntos críticos y cuestionamientos
Sin embargo —y aquí radica un aspecto central del debate— la versión aprobada no garantiza dos días de descanso a la semana, una demanda clave de sindicatos y sectores laborales que sostienen que un solo día libre no garantiza descanso real para trabajadores.
Además, la reforma amplía el límite de horas extraordinarias de nueve a doce por semana, lo que ha sido criticado por abrir la puerta a que en la práctica se mantengan largas jornadas laborales bajo la figura de tiempo extra, diluyendo el objetivo de una semana de trabajo más humana.
Esto plantea preguntas importantes para el análisis económico:
- ¿La reducción de horas sin dos días de descanso llevará realmente a un mejor bienestar laboral?
- ¿El aumento de horas extra podría compensar la disminución de horas regulares, afectando ingresos o equilibrio entre trabajo y vida personal?
- ¿Cómo impactará este esquema en el costo laboral de las pequeñas y medianas empresas (Pymes), frente a mayores cargas administrativas y potencial incremento de pago de tiempo extra?
Organizaciones sindicales han advertido que, sin una reforma más robusta, el cambio podría convertirse en una “simulación” de mejora laboral que beneficie más a patrones que a la fuerza trabajadora.
Impacto para empresas y finanzas públicas
En términos financieros, la reducción de jornada podría traducirse en:
- Costos de ajuste para empresas: inversión en reorganización de turnos, capacitación y cumplimiento del registro electrónico obligatorio.
- Posible aumento en el pago de horas extras: si se usan como herramienta para satisfacer demanda laboral sin contratar nuevo personal, los costos laborales podrían elevarse.
- Efectos en el mercado interno: mayor tiempo libre puede traducirse en mayor consumo de bienes, servicios y actividades culturales, apoyando sectores como comercio y turismo.
Un paso, no el destino final
La aprobación en el Senado representa una pieza clave en la evolución de las normas laborales mexicanas, pero su impacto final dependerá de cómo se regule y aplique en leyes secundarias y en la Cámara de Diputados, donde todavía se perfila el debate sobre cláusulas de descanso y condiciones concretas.
En un país donde la productividad laboral ha sido tradicionalmente baja a comparación de otros miembros de la OCDE pese a largas horas de trabajo, este cambio legislativo abre la puerta a una nueva era laboral, aunque todavía quedan interrogantes sobre si verdaderamente mejorará la calidad de vida de los trabajadores sin comprometer la competitividad empresarial ni la estabilidad económica nacional.







