OpiniónLa arquitectura después del 2 de octubre

La arquitectura después del 2 de octubre

Ramón Guillermo Segura Contreras

Cursa actualmente el Doctorado en Ciudad, Territorio y Sustentabilidad en la Universidad de Guadalajara. Es Maestro en Arquitectura con mención honorífica por la Universidad Veracruzana y cuenta con estudios de maestría en Diseño Arquitectónico Avanzado por la Universidad de Buenos Aires, así como de Posgrado en Diseño Sustentable por la Universidad de Palermo, Argentina. Es licenciado en Arquitectura por la Universidad Veracruzana y ha impartido docencia en la Universidad Veracruzana, la Universidad Anáhuac Veracruz campus Xalapa, la Universidad Panamericana y el Instituto Tecnológico Superior de Xalapa.

Ha realizado una estancia de investigación en la Universidad Mayor de Santiago de Chile y ha participado como ponente en congresos y seminarios nacionales e internacionales. Asimismo, ha publicado artículos científicos, capítulos de libro y colaboraciones académicas en instituciones de educación superior de Latinoamérica. Su línea de investigación se centra en la arquitectura, la ciudad y el espacio subterráneo.

En el ámbito de la gestión educativa, actualmente es jefe del Departamento de Comunicación Institucional de El Colegio de Veracruz. Anteriormente fue Director Académico del Instituto Tecnológico Superior de Xalapa y Coordinador Académico de la Dirección General del Área Técnica de la Universidad Veracruzana, donde participó en procesos de acreditación, rediseño curricular y planeación institucional.

 

“La arquitectura es el testigo insobornable de la historia, porque no se puede hablar de un gran edificio sin reconocer en él el testigo de una época, su cultura, su sociedad, sus intenciones…”

 Octavio Paz (1970)

La Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco pertenece a una categoría de lugar en la cual se comprende el espacio al observar y conocer que sucedió entre sus edificios. Pocos espacios albergan una narrativa arquitectónica tan ambiciosa. Dentro de una misma vista, conviven restos prehispánicos, una iglesia colonial y la arquitectura moderna del siglo XX. La plaza reúne tres momentos históricos en su composición. La arquitectura logra contener distintas versiones de México dentro de un mismo marco.

El complejo Tlatelolco, diseñado por Mario Pani en 1964, es un emblema nacional que vincula la vivienda a gran escala, la arquitectura moderna y la transformación urbana con el progreso. Sin embargo, 4 años después, llegó un 2 de octubre. Miles de estudiantes se concentraron ahí para una asamblea. Aproximadamente a las 6 de la tarde, aparecieron bengalas en el cielo y comenzaros los disparos. Se desplegaron fuerzas militares en la plaza, mientras que los civiles buscaban refugio en los edificios cercanos. A 58 años, no se ha esclarecido la cifra exacta de fallecidos.

Desde ese día, la Plaza de las Tres Cultura adquiere la cultura de la memoria. Esta dimensión, aunque invisible, es la más poderosa del lugar. Tenemos la idea de que la arquitectura es solo materia, pero Tlatelolco nos recuerda que la arquitectura también es recuerdo, experiencia y sensación. Asimismo, lo que sucede en algún lugar transforma su significado.

Observar fotografías del 2 de octubre es un ejercicio de lectura arquitectónica. Las fachadas de los edificios, los bloques de vivienda, la explanada abierta, los balcones, las escalinatas, la zona arqueológica, entre otros espacios son el registro visual de la historia. Dentro de la espacialidad de las fotos, aparecen imágenes de represión que transforman a la plaza y los edificios en una memoria visual de violencia.

El 2 de octubre quebró una narrativa de reconciliación de la historia mexicana. A pesar de la conquista, el conflicto y la transformación; en la Plaza de las Tres Culturas coincidía la nación moderna. Por eso, el 68 transformó Tlatelolco permanentemente. Más allá de ser una plaza con una composición arquitectónica, es un lugar de memoria. El espacio material adquiere un significado simbólico que lo opaca. La gente no puede cruzar la plaza sin recordar lo que sucedió ahí hace más de medio siglo.

El espacio perdió su inocencia. La memoria no exige que la ciudad no continúe. La memoria pide que la vida cotidiana cohabite con lo que no se debe olvidar. De ahí que la frase “2 de octubre no se olvida” también posee una dimensión arquitectónica. No olvidar requiere de un lugar para recordar. Entonces, ¿cuánta historia puede soportar un espacio público antes de que dejemos de ver su arquitectura para solo ver su memoria?

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