Mauricio Lascurain
Fernández
Es Doctor por la Universidad Autónoma de Madrid, en el Programa de Nueva Economía Mundial; Maestro en Relaciones Internacionales por la Universidad de Essex del Reino Unido y Licenciado en Comercio Exterior y Aduanas por la Universidad Iberoamericana de Puebla.
Michelle Bachelet gobernó Chile dos veces desde la centroizquierda. Iván Duque gobernó Colombia desde la derecha. No comparten ideología, no comparten base social, no comparten casi nada. Pero en agosto de este año firmaron juntos un informe de cuatrocientas páginas para la CEPAL que dice, en síntesis, lo mismo. América Latina tiene lo que el mundo necesita. Y no sabe qué hacer con ello.
El documento se llama “Rupturas y oportunidades” y lo presentaron el 8 de octubre en República Dominicana, durante el 41 período de sesiones de la CEPAL. Identifica ocho fracturas en el orden mundial. La globalización se reconfiguró. El multilateralismo se erosionó. La hegemonía unipolar se fragmentó. El consenso sobre el clima se rompió. La democracia retrocedió. La desinformación se expandió. Y en medio de todo eso, América Latina sigue discutiendo si el problema es la izquierda o la derecha.
Bachelet lo planteó sin rodeos. “El mundo cambió y los países de América Latina y el Caribe tienen muchos activos que el mundo está disputando”. Minerales críticos para la transición energética. Tierras raras. Litio. Agua dulce. Biodiversidad. Capacidad agrícola. Todo eso se revalorizó en el nuevo tablero geopolítico. China los quiere. Estados Unidos los quiere. Europa los quiere. Y la región no tiene una estrategia coordinada para negociar con ninguno de los tres.
Duque fue igual de directo. “El reto más importante que tiene Latinoamérica es fortalecer su gobernanza geopolítica, y eso implica fortalecimiento del Estado”. En una entrevista posterior añadió que la región necesita “Estados fuertes, no caudillos populistas”. Viniendo de un expresidente de derecha, la frase suena esperable. Lo que la hace distinta es que Bachelet, desde la izquierda, no la contradijo. La firmó.
Ese es el dato que merece atención. Cuando dos personas que representan tradiciones políticas opuestas miran el mismo problema y llegan a la misma conclusión, el problema dejó de ser ideológico. El informe propone evitar alineamientos rígidos con Washington o con Pekín. Diversificar alianzas. Construir coaliciones flexibles. Fortalecer la capacidad de análisis y de acción geopolítica. Suena razonable. También suena a algo que se ha dicho muchas veces sin que pase nada.
Porque el diagnóstico de la CEPAL choca con una realidad que el propio informe reconoce. América Latina no actúa como bloque. No tiene instituciones regionales con poder real de decisión. Los gobiernos cambian cada cuatro o seis años y cada uno llega con una política exterior distinta. La integración latinoamericana se anuncia en cada cumbre y se deshace en cada elección.
Bachelet dijo que la ventana de oportunidad se va a cerrar. Si tiene razón, la región se quedará con los activos que el mundo necesita y sin la capacidad para convertirlos en algo más que materia prima. Otra vez.

