Estados Unidos oficializa su salida de la OMS y rechaza pagar cuotas millonarias pendientes

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Washington / Ginebra; 23 de enero de 2026. — Estados Unidos confirmó este jueves su salida definitiva de la Organización Mundial de la Salud (OMS), marcando el fin de 78 años de membresía continua en la agencia sanitaria de las Naciones Unidas. La decisión, impulsada por el presidente Donald Trump, también incluye la negativa a saldar cientos de millones de dólares en cuotas pendientes, lo que ha generado alarma entre gobiernos, expertos en salud pública y organismos internacionales.

La salida formal, anunciada por el Departamento de Salud y Servicios Humanos, se deja sentir en el sistema de cooperación global ya que Estados Unidos —tradicionalmente el mayor contribuyente financiero de la OMS— deja de aportar fondos y participación en mecanismos de respuesta a crisis sanitarias.

Un quiebre histórico tras décadas de cooperación

El proceso había sido iniciado por Trump mediante la Orden Ejecutiva 14155, firmada el 20 de enero de 2025, apenas asumió nuevamente la Presidencia de Estados Unidos. Tras cumplir con el requisito de notificación de un año, Washington notificó formalmente a la OMS su desvinculación, que se concretó el 22 de enero de 2026.

En el comunicado oficial, el gobierno estadounidense cuestiona la actuación de la OMS en la gestión de la pandemia de COVID-19, su incapacidad para implementar reformas internas y lo que considera una dependencia política excesiva de ciertos países, particularmente China.

Aunque el país seguirá afirmando su compromiso con la salud mundial mediante colaboraciones bilaterales directas con otros gobiernos y agencias como el CDC o el NIH, su salida simboliza un cambio de paradigma en la política exterior sanitaria estadounidense.

La disputa por las cuotas: entre obligaciones y justificaciones

Uno de los aspectos más polémicos de esta salida es la decisión de no pagar las cuotas millonarias correspondientes a los años fiscales 2024 y 2025. Según estimaciones de la OMS, estas deudas ascienden a entre 260 y 280 millones de dólares.

Mientras que la organización exige el pago de estas contribuciones como parte de sus estatutos, la administración Trump argumenta que no existe una obligación legal para saldar los pagos antes de la salida, basándose en la interpretación de la resolución conjunta del Congreso de 1948 con la que se unió Estados Unidos a la OMS.

Un portavoz del Departamento de Estado llegó a afirmar que “el pueblo estadounidense ya ha pagado más que suficiente”, reflejando la postura de la administración de que los compromisos financieros del pasado justifican la desvinculación sin el pago de adeudos actuales.

Impacto global: preocupación y efectos financieros

La retirada de Estados Unidos pone en jaque la estabilidad financiera de la OMS, que dependía del aporte estadounidense para casi una quinta parte de su presupuesto anual. La agencia ya ha anunciado recortes significativos: reducirá a la mitad su equipo directivo y planea despedir aproximadamente a una cuarta parte de su personal para mediados de 2026 ante la proyección de déficits presupuestarios.

Expertos en salud pública han advertido que la salida estadounidense puede socavar esfuerzos globales clave, como la vigilancia epidemiológica, la respuesta a brotes de enfermedades como la influenza y la coordinación de campañas de vacunación, generando un escenario de riesgo tanto para países de ingresos bajos como para la propia seguridad sanitaria de Estados Unidos.

Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, calificó la decisión como una pérdida para la cooperación internacional en salud, señalando que la permanencia de Estados Unidos en el organismo “no es una cuestión económica, sino de solidaridad global”.

Reacciones en el mundo y perspectivas

La salida estadounidense ha sido recibida con críticas desde distintos frentes: líderes internacionales, organizaciones civiles y expertos en salud pública expresan preocupación por el debilitamiento de un sistema que ha sido fundamental en la respuesta a epidemias y pandemias durante décadas.

Al mismo tiempo, algunos analistas consideran que este movimiento podría abrir espacios para liderazgos alternativos en salud global, con otros países o bloques asumiendo un rol más protagónico en la OMS y en la gestión de recursos.

A nivel doméstico, la administración Trump asegura que la decisión responde a un interés en reformar la política de salud global estadounidense, apostando por acuerdos bilaterales más flexibles y eficientes. Sin embargo, el verdadero impacto de esta ruptura y su costo en términos de preparación y respuesta a futuras amenazas sanitarias aún están por verse.

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