Ángel Toledo Tolentino
Licenciado en Economía (Universidad Cristóbal Colón),maestro en Estudios Urbanos (El Colegio de México) y doctor en Estudios del Desarrollo (Universidad Autónoma de Zacatecas). Profesor por asignatura en la Facultad de Economía de la Universidad Veracruzana (UV). Miembro del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII) con nivel de Candidato. Líneas de investigación: zonas metropolitanas de Veracruz, inversión extranjera directa (nearshoring) y crecimiento económico regional.
El debate sobre la Inteligencia Artificial (IA) en México padece un vicio de origen: nos hemos obsesionado con un apocalipsis que no llega mientras ignoramos el incendio que ya tenemos encima. Llevamos años esperando titulares sobre despidos masivos y oficinas vaciadas por robots, una distracción perfecta para ocultar un daño mucho más silencioso y, me temo, más duradero. La IA no está vaciando los escritorios; está rediseñando el derecho de entrada al mercado de trabajo.
He revisado el reporte del Centro México Digital 2026 y la realidad no admite interpretaciones generosas ni maquillajes estadísticos. Mientras en los países de la OCDE el 20% de las empresas ya cabalga sobre los últimos avances de la IA, en México apenas el 8% de las compañías con más de diez empleados se ha atrevido a cruzar ese umbral, y lo hacen con timidez. Pero el dato que debería quitarnos el sueño es el de las microempresas: un raquítico 0.1% de adopción. Es un vacío casi total en el motor que realmente mueve la economía cotidiana, esa que no sale en las portadas de negocios pero que pone la comida en las mesas.
Resulta casi insultante hablar de vanguardia digital en los foros con aire acondicionado de Santa Fe, mientras fuera de esa burbuja de privilegio el 75% de los negocios que sostienen este país ni siquiera cuentan con una conexión funcional a internet. No es una cifra abstracta para un reporte de escritorio; es la fotografía de un país partido que intenta discutir el futuro del trabajo mientras su tejido productivo más básico: el comercio de barrio, el taller, la pequeña imprenta, sigue atrapado en las tecnologías y los procesos del siglo pasado. El contraste es brutal: por un lado, algoritmos que predicen el mercado; por el otro, la libreta de apuntes. No somos simplemente un país rezagado en una carrera global; somos una pequeña isla de expertos hiperconectados rodeada de un mar de obsolescencia forzada.
Un reciente estudio del mercado laboral publicado por la empresa de Anthropic (especializada en IA) confirma una tendencia escalofriante en las economías avanzadas: la IA no está aumentando el desempleo de los trabajadores con trayectoria, lo que está haciendo es frenar la contratación de los más jóvenes. Aunque hoy esos datos apunten hacia Estados Unidos, no podemos pecar de ingenuos; lo que ocurre allá es lo que sucederá en México en los próximos años.
En México, esto no va a pasar porque seamos visionarios de la tecnología, sino por la necesidad de ahorrarse unos pesos, sin ver que se está hipotecando el futuro. Antes, la cosa era distinta: salías de la carrera y entrabas a aprender desde abajo. Eras el que avanzaba despacio, el que se equivocaba y el que necesitaba que el experto le explicara cómo funcionaban las cosas. Esas tareas básicas eran la escuela de la vida. Pero ahora ese espacio se está borrando por las prisas de tener todo listo para ayer. La IA, paulatinamente, va haciendo el trabajo de oficina más sencillo, ese que antes era el primer escalón para cualquier joven. Al final, están rompiendo la escalera. El experto se va a quedar solo en la cima, muy bien armado con sus programas, pero sin nadie que aprenda de él, mientras los jóvenes se quedan fuera sin saber ni por dónde empezar su camino.
Esta lógica es de una crueldad matemática. Las empresas que ya tenían infraestructura y capital están registrando aumentos en su producción del 5.2%, mientras el resto queda estancado. La brecha de adopción entre las grandes y las pequeñas es de casi tres veces. La importancia no es una competencia de talento, es una ventaja heredada. Si tu empresa ya volaba, la IA te da turbinas; si tu local no tiene ni señal de celular, simplemente dejas de existir en el radar del mercado laboral.
Estamos cancelando el relevo generacional en los sectores más dinámicos bajo una estrategia de mercadotecnia que vende exclusión como si fuera vanguardia. El costo de esta espera no lo pagarán los algoritmos, lo pagarán los graduados que tocarán una puerta diseñada para que no se abra.

