Ciudad de México. Nike volvió a encender las alertas de inversionistas y analistas luego de que sus acciones se desplomaran alrededor de 14% tras la publicación de sus resultados trimestrales y, sobre todo, por una perspectiva más débil para el siguiente periodo, en un momento en que la compañía aún no logra consolidar su proceso de recuperación global. La reacción del mercado fue severa porque, aunque la firma superó algunas previsiones de Wall Street, el mensaje de fondo fue que la reestructuración avanza más lento de lo esperado.
En su tercer trimestre fiscal de 2026, Nike reportó ingresos por 11,300 millones de dólares, prácticamente sin cambio frente al mismo periodo del año anterior, mientras que su utilidad neta cayó 35% a cerca de 520 millones de dólares y la ganancia por acción se ubicó en 0.35 dólares. Además, su margen bruto retrocedió 130 puntos base, hasta 40.2%, presionado principalmente por mayores aranceles en Norteamérica y por promociones más agresivas para desplazar inventario rezagado.
El problema principal para la empresa ya no es solo el resultado del trimestre, sino la señal que envió sobre los próximos meses. La dirección financiera anticipó que las ventas del trimestre actual caerán entre 2% y 4%, cuando el mercado esperaba un avance. A ello se suma una previsión especialmente delicada en China, donde Nike espera una contracción de 20% en ingresos durante el próximo trimestre, reflejo de una combinación de menor dinamismo, inventarios viejos y una competencia cada vez más fuerte de marcas locales como Anta y Li Ning. También se ha reportado que las ventas en China ya habían retrocedido 10% en el trimestre reportado.
La fotografía operativa de la firma confirma un desempeño desigual. El negocio mayorista creció 5% hasta 6,500 millones de dólares, pero Nike Direct cayó 4% a 4,500 millones; dentro de este segmento, las ventas digitales de la marca retrocedieron 9% y las tiendas propias disminuyeron 5%. Converse, una de sus marcas subsidiarias, registró una caída aún más pronunciada, de 35%, lo que muestra que la debilidad no se concentra en una sola línea de negocio.
El director general, Elliott Hill, reconoció que la transformación “está tomando más tiempo” del que quisiera. La compañía ha tratado de reenfocar su estrategia hacia innovación, running y productos clave, al tiempo que reduce descuentos y limpia inventarios acumulados; sin embargo, el mercado considera que el avance sigue siendo insuficiente. De hecho, analistas prevén que la mejora sustancial podría no verse con claridad sino hasta la primavera de 2027, lo que amplía el periodo de incertidumbre para la emisora.
Más allá de un mal día bursátil, el caso de Nike refleja un problema estructural: incluso una marca global con fuerte reconocimiento enfrenta hoy menores márgenes, consumidores más cautelosos, presión comercial en China y un entorno de costos más complejo. El desplome de la acción revela que, en el mercado actual, ya no basta con “superar expectativas” trimestrales; lo que pesa más es la credibilidad de la recuperación futura.

