Ciudad de México.— Las stablecoins, también conocidas como Activos Virtuales Estables, llegaron formalmente a la discusión legislativa en México. Mientras en el Congreso se analiza una propuesta para regular instrumentos digitales privados referenciados al peso mexicano, el Banco de México mantiene una postura de cautela y advierte que estos activos no deben confundirse con dinero de curso legal ni con una moneda emitida por el Estado.
¿Qué se propone en el Congreso?
La iniciativa impulsada por el senador Alejandro Murat busca crear un marco jurídico para las stablecoins referenciadas en pesos mexicanos. El planteamiento no pretende sustituir al peso ni quitar al Estado su facultad exclusiva de emitir moneda, sino establecer reglas para activos digitales privados que podrían usarse en operaciones financieras y tecnológicas.
En términos simples, una stablecoin es un activo digital diseñado para mantener un valor estable frente a una moneda tradicional, como el dólar o el peso. La diferencia con otras criptomonedas es que, en teoría, su valor no debería moverse con tanta volatilidad, porque está respaldado o referenciado a activos de reserva.
Banxico toma distancia
El Banco de México ha sido cuidadoso frente a este tipo de instrumentos. Durante la presentación del Reporte de Estabilidad Financiera de junio de 2026, la gobernadora Victoria Rodríguez Ceja consideró positivo que las propuestas reconozcan que las stablecoins no son moneda de curso legal, no forman parte de la base monetaria y no cuentan con respaldo del Estado mexicano.
La postura del banco central no implica cerrar la puerta al diálogo, pero sí marca una línea clara: cualquier avance regulatorio debe evitar confusiones entre dinero público, depósitos bancarios y activos digitales emitidos por privados.
¿Por qué importa esta discusión?
El debate es relevante porque México tiene un ecosistema fintech en crecimiento, un alto uso de pagos digitales y una fuerte relación con flujos internacionales de dinero, especialmente remesas y operaciones transfronterizas. En ese contexto, las stablecoins podrían ofrecer pagos más rápidos y menores costos operativos, pero también abrir riesgos si no se regulan adecuadamente.
Entre los puntos que preocupan a los reguladores están:
- La protección de los usuarios.
- La transparencia sobre las reservas que respaldan cada activo.
- La prevención de lavado de dinero.
- La posibilidad de retiros masivos si se pierde confianza.
- El impacto sobre bancos, depósitos y sistemas de pago.
- La soberanía monetaria del país.
El riesgo para el sistema financiero
Banxico, la Secretaría de Hacienda y la CNBV han advertido previamente que los activos virtuales no constituyen moneda de curso legal en México ni son divisas bajo el marco jurídico vigente. Esa postura explica por qué el banco central insiste en mantener distancia entre el sistema financiero tradicional y los activos virtuales.
A nivel internacional, organismos como el Banco de Pagos Internacionales también han alertado que las stablecoins pueden representar riesgos para la estabilidad financiera, la política monetaria y la integridad del sistema si crecen sin supervisión suficiente.
Lo que falta por definir
La discusión legislativa todavía debe aclarar elementos clave para que una eventual regulación sea viable. Entre ellos, quién podría emitir stablecoins en México, qué tipo de reservas deberían respaldarlas, qué autoridad las supervisaría, cómo se protegería al usuario y qué límites tendrían frente al sistema bancario.
También deberá definirse si estos activos podrían usarse sólo dentro de plataformas digitales o si tendrían un uso más amplio en pagos, transferencias o servicios financieros.
Un debate entre innovación y prudencia
La llegada de las stablecoins al Congreso refleja la presión por actualizar el marco financiero mexicano frente a la digitalización global. Sin embargo, la distancia marcada por Banxico muestra que la adopción de estos instrumentos no será automática ni libre de condiciones.
El punto central será encontrar un equilibrio: permitir innovación financiera sin debilitar la confianza en el peso, sin abrir riesgos para los usuarios y sin afectar la estabilidad del sistema financiero. En un país donde el banco central cuida con especial rigor la soberanía monetaria, las stablecoins pueden avanzar, pero difícilmente lo harán sin reglas estrictas.

