Ciudad de México. El encarecimiento de los combustibles está empezando a mover algo más que el gasto diario de las familias: también está reordenando las decisiones de compra en el mercado automotor mexicano. En ese contexto, marcas como BYD, Geely y GWM están ganando espacio como alternativa económica frente a los vehículos de gasolina, en una coyuntura en la que el ahorro operativo ya se volvió un argumento comercial de peso para consumidores, flotillas y empresas que buscan contener costos. De acuerdo con especialistas del sector, recorrer un kilómetro con gasolina a 24 pesos cuesta alrededor de 3 pesos, mientras que hacerlo con un auto eléctrico ronda los 50 centavos. Es decir, el ahorro potencial puede superar el 80% por kilómetro.
El impacto económico de esa diferencia es relevante porque ya no se trata solo de una discusión ambiental o tecnológica, sino de una ecuación de bolsillo. El Gobierno federal y la Profeco han sostenido que, con la estrategia de estabilización, el precio de la gasolina regular se mantiene por debajo de 24 pesos por litro en buena parte del país, pero incluso con ese esfuerzo el costo de uso de un vehículo de combustión sigue siendo claramente más alto que el de uno eléctrico. Esa brecha abre una ventana de oportunidad para las armadoras chinas y asiáticas que han llegado al mercado mexicano con modelos más asequibles, justo cuando el consumidor busca reducir su gasto recurrente en movilidad.
La oportunidad también se explica por precio de entrada. Según datos del sector, BYD, GWM y Geely ya comercializan autos 100% eléctricos en rangos de entre 350,000 y 400,000 pesos, por debajo del precio promedio de un auto en México, que oscila entre 540,000 y 550,000 pesos. En términos económicos, esto reduce una de las barreras históricas de la electromovilidad: ya no solo promete menor gasto en combustible, sino que en algunos segmentos también compite en precio de compra con vehículos de combustión de gama similar.
Ese cambio ocurre en un mercado que todavía es pequeño, pero que avanza con rapidez. La AMDA estima que alrededor del 2% del parque vehicular del país ya es eléctrico, una proporción aún baja, aunque en expansión. La tendencia se confirma con otros indicadores: en 2025 se vendieron 96,636 vehículos eléctricos, híbridos conectables y de rango extendido en México, un crecimiento anual de 38.5%, mientras que el parque vehicular eléctrico nacional alcanzó 204,269 unidades al cierre del año. Además, la infraestructura también se está ampliando: al cierre de 2025 el país contaba con 56,726 posiciones de carga, un aumento de 25.9% anual.
Aun así, el despegue no está garantizado. El principal freno sigue siendo la percepción sobre la infraestructura de recarga y la adaptación urbana. La propia industria reconoce que no todos los espacios públicos cuentan con cargadores y que muchos edificios de vivienda todavía no están preparados para esta transición. Sin embargo, el avance de la autonomía, la expansión de la red y la posibilidad de instalar cargadores domésticos están mejorando la viabilidad económica del cambio. En un escenario de combustibles caros, inflación persistente y consumidores más sensibles al gasto mensual, el verdadero impacto económico de esta tendencia es que el auto eléctrico comienza a dejar de ser un nicho aspiracional para convertirse, cada vez más, en una decisión racional de ahorro.

