Ciudad de México. La Secretaría de Hacienda y Crédito Público encendió una señal de cautela para la economía mexicana al ajustar al alza su pronóstico de inflación al cierre de 2026, al pasar de 3.0 a 3.7%, y elevar su estimación para el precio promedio del petróleo de 54.9 a 77.3 dólares por barril, en respuesta al deterioro del entorno internacional y a las tensiones geopolíticas en Medio Oriente. El ajuste quedó plasmado en los Pre-Criterios Generales de Política Económica 2027 entregados a la Cámara de Diputados el 1 de abril.
El cambio no es menor. Aunque la nueva previsión de inflación aún se mantiene dentro del intervalo de variabilidad del Banco de México, refleja que el gobierno reconoce mayores presiones sobre precios, sobre todo por el componente energético. Hacienda sostuvo que, frente a un entorno internacional más volátil, mantendrá medidas para estabilizar los precios de los combustibles y así contener efectos sobre transporte, producción y poder adquisitivo de los hogares.
La revisión del precio del crudo también revela un giro importante en el diagnóstico macroeconómico. Hacienda calificó su nueva estimación de 77.3 dólares por barril como un “supuesto conservador” y explicó que parte del supuesto de que la duración del conflicto en Medio Oriente no exceda dos meses, aunque admitió que persiste una elevada incertidumbre por la evolución de la guerra, la situación de Ucrania, los cambios en la industria petrolera venezolana y la política arancelaria de Estados Unidos.
El telón de fondo internacional ayuda a entender ese ajuste. En los últimos días, el precio del petróleo ha mostrado fuertes presiones al alza ante el riesgo de interrupciones en rutas clave de suministro, lo que ha generado volatilidad en los mercados energéticos y financieros a nivel global. Este contexto ha reavivado preocupaciones inflacionarias en diversas economías.
Para México, el encarecimiento del petróleo tiene un efecto mixto. Por un lado, mejora el valor de la mezcla y puede fortalecer ciertos ingresos vinculados al sector energético; por otro, encarece combustibles, logística y costos de producción. De hecho, Hacienda reconoció que, aun con un mayor precio del crudo, los ingresos petroleros serían 47,300 millones de pesos menores a lo aprobado, debido a la apreciación del peso frente al dólar. Es decir, el repunte del petróleo no necesariamente se traducirá en un alivio fiscal automático.
A pesar del deterioro en estas variables, la dependencia mantuvo sin cambios su previsión de crecimiento para 2026 en un rango de 1.8 a 2.8% y sostuvo su meta de déficit fiscal en 4.1% del PIB. La apuesta oficial sigue centrada en la inversión como motor del crecimiento, especialmente mediante el Plan de Inversión en Infraestructura para el Desarrollo con Bienestar, que contempla una bolsa de 5.6 billones de pesos hasta 2030 bajo esquemas públicos, privados y mixtos.
En términos económicos, el mensaje de Hacienda combina prudencia con control narrativo. Reconoce que el choque externo será más fuerte de lo previsto sobre inflación y energía, pero evita modificar su expectativa de crecimiento y su trayectoria de consolidación fiscal. El principal riesgo para México será que un conflicto internacional más prolongado o un petróleo persistentemente elevado termine presionando la inflación interna, encareciendo el transporte y reduciendo el margen de maniobra de la política económica en la segunda mitad del año.

