Edgar Sandoval Pérez
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“Una buena decisión pública también se mide por el empleo, la producción y el bienestar que evita perder”
A veces, para comprender la importancia económica de una decisión pública, no basta con observar cuánto dinero se invertirá, sino cuánto empleo, producción y bienestar se habría perdido si nadie intervenía. Eso es precisamente lo que ocurre con el Ingenio San Pedro, en Lerdo de Tejada, cuya continuidad representa una buena noticia no solamente para sus trabajadores, sino para toda una región que durante más de un siglo ha vivido alrededor de la caña de azúcar.
Veracruz es, sin duda, el corazón cañero de México. El estado aporta históricamente entre 37% y 40% de la producción nacional de azúcar y concentra 18 de los 47 ingenios que operaron en el ciclo 2024-2025. Esto significa que prácticamente cuatro de cada diez kilos de azúcar producidos en el país tienen su origen en territorio veracruzano, convirtiendo a esta agroindustria en una actividad estratégica para el empleo rural, el comercio regional y la economía estatal.
Dentro de esta estructura, el Ingenio San Pedro puede procesar hasta 1.2 millones de toneladas de caña por zafra, de las cuales entre 850 mil y 900 mil toneladas se encuentran vinculadas mediante contratos de abastecimiento. Además, mantiene más de 500 empleos de base y eventuales, y cerca de mil personas relacionadas directamente con la factoría. Sin embargo, cuando se incorporan productores, cortadores, transportistas, talleres, proveedores y comercios, el número de familias dependientes se multiplica.
Por ello, dejar cerrar el ingenio habría significado mucho más que perder una fábrica. Habría implicado reducir la demanda regional de caña, depreciar cultivos, desplazar productores hacia ingenios más lejanos, elevar costos de transporte y retirar cientos de salarios de la economía de Lerdo de Tejada, Ángel R. Cabada, Saltabarranca y municipios cercanos, generando menor consumo, desempleo y posiblemente migración.
Ante este escenario, la intervención encabezada por la gobernadora Rocío Nahle fue clave y, sobre todo, oportuna. La decisión de que el Gobierno de Veracruz asuma la operación, constituya un organismo estatal, contrate nuevamente a los trabajadores, formalice acuerdos con productores y realice un mantenimiento profundo permite conservar la unidad económica completa: campo, fábrica y empleo.
También fue relevante el acompañamiento del secretario de Finanzas y Planeación, Miguel Santiago Reyes Hernández, porque una decisión de esta magnitud no podía quedar únicamente en voluntad política. Requiere construir una ruta financiera, administrativa y jurídica que permita operar el ingenio, cubrir el mantenimiento y preparar la zafra prevista para diciembre. Es decir, la participación de SEFIPLAN resulta fundamental para traducir una decisión política correcta en una alternativa económicamente viable y fiscalmente responsable.
Ahora bien, asumir el ingenio no elimina automáticamente sus problemas. El nuevo organismo deberá operar con transparencia, controles de costos, productividad, rendición de cuentas y objetivos medibles, ya que rescatar una fuente de empleo no debe significar mantener indefinidamente pérdidas públicas. La meta tendría que ser recuperar la capacidad productiva, modernizar procesos y aprovechar mejor subproductos como bagazo, melaza, alcohol o generación de energía.
Si bien el tiempo permitirá evaluar los resultados, la primera decisión fue la correcta: impedir que una crisis empresarial se transformara en una crisis social regional. El Ingenio San Pedro no representa solamente azúcar; representa ingresos, comercio, arraigo y estabilidad para miles de familias. Preservarlo confirma que Veracruz no sólo conserva su identidad cañera, sino que puede defenderla mediante decisiones oportunas, coordinación institucional y una visión económica de largo plazo.

