Ramón Guillermo Segura Contreras
Cursa actualmente el Doctorado en Ciudad, Territorio y Sustentabilidad en la Universidad de Guadalajara. Es Maestro en Arquitectura con mención honorífica por la Universidad Veracruzana y cuenta con estudios de maestría en Diseño Arquitectónico Avanzado por la Universidad de Buenos Aires, así como de Posgrado en Diseño Sustentable por la Universidad de Palermo, Argentina. Es licenciado en Arquitectura por la Universidad Veracruzana y ha impartido docencia en la Universidad Veracruzana, la Universidad Anáhuac Veracruz campus Xalapa, la Universidad Panamericana y el Instituto Tecnológico Superior de Xalapa.
Ha realizado una estancia de investigación en la Universidad Mayor de Santiago de Chile y ha participado como ponente en congresos y seminarios nacionales e internacionales. Asimismo, ha publicado artículos científicos, capítulos de libro y colaboraciones académicas en instituciones de educación superior de Latinoamérica. Su línea de investigación se centra en la arquitectura, la ciudad y el espacio subterráneo.
En el ámbito de la gestión educativa, actualmente es jefe del Departamento de Comunicación Institucional de El Colegio de Veracruz. Anteriormente fue Director Académico del Instituto Tecnológico Superior de Xalapa y Coordinador Académico de la Dirección General del Área Técnica de la Universidad Veracruzana, donde participó en procesos de acreditación, rediseño curricular y planeación institucional.
Instagram: @ragui.sc
“La ciudad nos aproxima. La concentración urbana está orientada a facilitar el trato entre individuos y grupos, y aprovechar economías en la creación y mantenimiento de los contactos interpersonales” Miquel Bastons
Imagínese vivir en una ciudad donde su lugar de trabajo, el mercado, la tienda, el centro deportivo, el hospital, la farmacia, el parque, la escuela, entre otros espacios de la vida cotidiana estén a quince minutos caminando, en bicicleta o en scooter. Es un enfoque sugerente e interesante que propone estilos de vida saludables y un medioambiente más limpio. Por ello, “la ciudad de 15 minutos” es una idea que ha estado resonando en la planificación urbana en los últimos años. Sin embargo, antes de insertar conceptos o modelos en nuestros contextos, probablemente deberíamos cuestionarnos si ¿todas las ciudades pueden convertirse en una?
El modelo de la ciudad de 15 minutos visualiza una realidad urbana particular, donde se puede implementar en entornos urbanos compactos con uso del suelo es mixto, transporte público seguro y confiable, e infraestructura peatonal óptima. En Europa, diversas ciudades, que cuentan con las condiciones anteriormente mencionadas, simplemente han reforzado proyectos para lograr que sus habitantes puedan acceder de manera eficiente y equitativa los servicios diarios. Sin embargo, en las ciudades latinoamericanas cuyo crecimiento urbano se ha dado por la expansión informal, el desarrollo urbano desigual.
En este sur global, la mayoría de los centros urbanos se caracterizan por la desigualdad espacial, la fragmentación, la vulnerabilidad ambiental, la alta informalidad, inseguridad y congestión vehicular. Con este panorama, el problema ya no es simplemente la lejanía de los destinos, sino la desigualdad en el acceso de oportunidades y la deficiencia de servicios. Entonces, es una ironía que se piense que, la ciudad de los 15 minutos sea un modelo tan fácil de adaptar a nuestras ciudades latinoamericanas
Entonces, la cercanía de lugares y servicios públicos no se traduce en una buena calidad de vida o un acceso equitativo a la ciudadanía. Ejemplo de ello puede ser un espacio público ocupado por autos estacionados, un parque percibido como inseguro, una cancha de fútbol permanentemente cerrada, una clínica cercana sin médicos y enfermeras, un mercado cuyos precios son inasequibles, o una escuela sin recursos o mobiliario suficientes. Todos estos casos pueden ser accesibles física y geográficamente, pero inaccesibles e inoperativos.
La ciudad de 15 minutos es, sin lugar a dudas, una aspiración valiosa que comprende una vida urbana cotidiana que no depende de un gasto de tiempo y energía por los largos desplazamientos, y que puede mejorar el medioambiente que nos rodea. Con todo lo anterior, podemos ver que es necesario que, toda propuesta que surja para mejorar nuestro entorno urbano no debe trasladarse sin cambios. Los modelos deben interpretarse, cuestionarse y adaptarse a la realidad del lugar donde se pretende poner en práctica. Por esto, dejo una reflexión: ¿es conveniente medir la calidad de vida en minutos en vez de oportunidades?

