Por: Redacción El Censal | Ciudad de México, México | 09 de junio de 2026
El uso creciente de herramientas de inteligencia artificial como apoyo para resolver dudas sobre síntomas, diagnósticos y tratamientos ha encendido las alertas entre especialistas en salud, tecnología y transparencia, quienes coinciden en que estas plataformas representan un complemento útil para agilizar procesos y mejorar el acceso a la información, pero no deben sustituir la atención médica profesional. Expertos reunidos en el foro “IA y Salud: ¿Nuevo médico de cabecera o riesgo para los pacientes?” subrayaron la necesidad de establecer una regulación específica que garantice el uso responsable de estas tecnologías y proteja la seguridad de las personas frente a posibles errores o desinformación.
Durante el encuentro, organizado por la organización Soy Paciente, el director ejecutivo de Transparencia Mexicana, Eduardo Bohórquez, señaló que la inteligencia artificial aplicada a la salud debe analizarse desde una perspectiva integral que considere aspectos éticos, jurídicos y sociales, además de los avances tecnológicos. El especialista destacó que la eficiencia de un algoritmo no necesariamente equivale a una atención médica eficaz y recordó que el objetivo principal del sistema sanitario debe seguir siendo preservar la salud del paciente y colocar a la persona en el centro de cualquier decisión clínica. Estas advertencias surgen en un contexto en el que millones de usuarios recurren diariamente a asistentes conversacionales para obtener orientación médica inmediata.
Los participantes en el foro advirtieron que uno de los principales riesgos consiste en que los pacientes sustituyan la consulta con un profesional por respuestas generadas por inteligencia artificial, motivados por la rapidez o el bajo costo del servicio. También alertaron sobre la posibilidad de que los usuarios compartan voluntariamente información clínica sensible, estudios médicos o radiografías con estas plataformas sin conocer plenamente el tratamiento que recibirán sus datos personales ni las implicaciones en materia de privacidad.
Otro de los desafíos identificados es la capacidad de algunos modelos de inteligencia artificial para generar contenido con apariencia científica que puede contener errores o información falsa. Especialistas explicaron que estas herramientas son capaces de elaborar textos convincentes e incluso referencias aparentemente académicas que no siempre corresponden a evidencia médica validada, lo que podría inducir a decisiones incorrectas por parte de pacientes o incluso de personas sin formación clínica suficiente para verificar la información.
Diversos estudios internacionales coinciden en que la inteligencia artificial tiene un enorme potencial para apoyar a médicos y hospitales en tareas como el análisis de imágenes diagnósticas, la documentación clínica, la búsqueda de evidencia científica o la identificación temprana de enfermedades. Sin embargo, organizaciones sanitarias y expertos sostienen que estas tecnologías deben utilizarse como herramientas de apoyo y nunca como sustitutos del juicio clínico, la experiencia profesional o la relación directa entre médico y paciente.
En México, el debate sobre la regulación de la inteligencia artificial en el ámbito sanitario cobra relevancia conforme aumenta su adopción en consultorios, hospitales y plataformas digitales. Los especialistas consideran necesario establecer marcos normativos que definan responsabilidades, estándares de calidad, protección de datos personales y mecanismos de supervisión para evitar riesgos derivados de diagnósticos automatizados o recomendaciones inadecuadas.
La discusión también pone sobre la mesa la importancia de fomentar la alfabetización digital en salud para que la población comprenda las capacidades y limitaciones de estas herramientas. Si bien la inteligencia artificial puede facilitar el acceso a información médica y optimizar procesos administrativos o clínicos, los expertos insisten en que la valoración integral de un paciente requiere elementos que van más allá de los datos, como el contexto, la exploración física, la experiencia profesional y las consideraciones éticas propias del ejercicio de la medicina.
Ante el avance acelerado de estas tecnologías, especialistas concluyen que el reto no consiste en frenar la innovación, sino en desarrollar reglas claras que permitan aprovechar sus beneficios sin comprometer la seguridad de los pacientes. La regulación, la supervisión humana y el uso responsable de la inteligencia artificial aparecen como factores clave para garantizar que estas herramientas complementen la labor médica y no sustituyan la atención profesional en decisiones que pueden tener un impacto directo sobre la vida y la salud de las personas.

