Por: Redacción El Censal |Pekín, China| 27 de abril de 2026
China acelera su nueva carrera espacial con la misión Chang’e-7, prevista para lanzarse en la segunda mitad de 2026 con el objetivo de explorar el polo sur de la Luna, buscar agua congelada en cráteres permanentemente sombreados y avanzar hacia la construcción de una futura base lunar internacional. El proyecto toma mayor relevancia tras el éxito reciente de Artemis II de la NASA, que volvió a colocar la exploración lunar en el centro de la competencia tecnológica global entre potencias espaciales. Según autoridades chinas, la misión forma parte de una estrategia más amplia para establecer presencia permanente en la superficie lunar durante la próxima década.
La Administración Espacial Nacional de China confirmó que Chang’e-7 ya se encuentra en fase final de preparación y será lanzada desde el Centro Espacial de Wenchang, en la isla de Hainan, utilizando un cohete Long March 5. La misión incluirá un orbitador, un módulo de aterrizaje, un rover y una innovadora sonda “saltadora” capaz de ingresar a zonas de difícil acceso, especialmente dentro de cráteres donde podría existir hielo de agua conservado durante millones de años.
Uno de los principales objetivos científicos será investigar la región cercana al cráter Shackleton, una de las zonas más estudiadas del polo sur lunar por su potencial para albergar reservas de agua en forma de hielo. La presencia de agua no solo tendría valor científico, sino estratégico: permitiría producir oxígeno, combustible y recursos esenciales para sostener futuras misiones tripuladas y eventualmente una base lunar permanente.
Chang’e-7 también busca lograr avances tecnológicos clave como aterrizajes de alta precisión, desplazamiento robótico en terrenos extremos y exploración autónoma en regiones de sombra permanente. La misión combinará observación orbital, descenso controlado, exploración terrestre y saltos asistidos, una arquitectura compleja que representa uno de los proyectos robóticos más ambiciosos de China hasta ahora.
El programa se desarrolla como continuación del éxito de Chang’e-6, misión que en 2024 logró traer a la Tierra muestras de la cara oculta de la Luna, un hito histórico para la exploración espacial china. Ahora, Chang’e-7 representa la siguiente fase dentro del plan lunar de Beijing: primero explorar, luego aprovechar recursos y finalmente instalar una Estación Internacional de Investigación Lunar junto con socios como Rusia hacia la década de 2030.
El contexto internacional vuelve esta misión aún más estratégica. El reciente éxito de Artemis II, impulsado por la NASA, reactivó la competencia entre Estados Unidos y China por el liderazgo en la nueva era lunar. Mientras Washington proyecta un regreso tripulado a la Luna antes de 2028, China mantiene su meta de alunizaje humano hacia 2030, aunque con una estrategia más progresiva basada en misiones robóticas altamente especializadas.
Especialistas consideran que el polo sur lunar será la región más disputada del satélite natural durante los próximos años debido a su valor científico, energético y geopolítico. Además del agua, esta zona ofrece condiciones ideales para observación astronómica y desarrollo de infraestructura espacial de largo plazo, por lo que quien logre consolidar presencia primero tendrá ventaja estratégica en la futura economía espacial.
Desde una perspectiva económica, la carrera lunar ya no se entiende solo como exploración científica, sino como una apuesta de inversión tecnológica e industrial. Los programas espaciales impulsan innovación en robótica, telecomunicaciones, materiales avanzados, inteligencia artificial y energía, sectores que posteriormente tienen aplicaciones directas en la economía terrestre. Por ello, tanto China como Estados Unidos consideran estas misiones como parte de su competitividad global.
Chang’e-7 también contempla cooperación internacional con instrumentos científicos de varios países, lo que refuerza la estrategia china de construir alianzas fuera del marco liderado por Estados Unidos. Esto amplía la dimensión diplomática del proyecto y convierte a la Luna en un nuevo escenario de influencia internacional.
Con una misión prevista para este mismo año y el objetivo de buscar agua en el polo sur lunar, China da un paso decisivo hacia su ambición de establecer una base en la Luna. Más que una expedición científica, Chang’e-7 simboliza la nueva carrera espacial del siglo XXI, donde la conquista lunar vuelve a ser sinónimo de poder tecnológico, liderazgo global y futuro económico.

