Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez.
“Heródoto, el padre de la historia. Libro primero: Clío”
Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez.
En México el 12 de septiembre se festeja el día del historiador y de la historia. Esta celebración conmemora la fundación de la Academia Mexicana de la Historia allá por el año 1919. La historia es una de las disciplinas más apasionantes. Gracias a ella podemos conocer el pasado, sus pueblos, costumbres, personajes, leyendas, anécdotas y, particularmente, hechos fundamentales que explican la realidad de hoy. Desde nuestros primeros estudios nos enseñan que Heródoto es el padre de la historia. Este egregio personaje de la cultura griega nació aproximadamente en el año 484 antes de nuestra era en Halicarnaso, un pueblo griego que en la época de Heródoto estaba dominado por el entonces poderoso imperio persa. A pesar de que sus escritos pueden parecernos muy antiguos, el contenido temático de sus Nueve Libros de la Historia todavía tiene mucho que enseñarnos, porque en toda la obra el historiador muestra cómo una parte de la naturaleza del hombre se inclina por el poder, el abuso, la corrupción, el autoritarismo, y los años han pasado y la historia sigue narrando casi casi los mismos sucesos: guerras, invasiones, ambición, obsesión por el poder.
Cuando leemos a Heródoto, luego luego se detecta que, si bien sentó las bases de la historia al narrarnos un sinfín de sucesos contemporáneos a él y acontecimientos pasados, asimismo se percibe que el padre de la historia se auxilia de mitos, leyendas y anécdotas para componer ciertos relatos. Actitud que es comprensible, no olvidemos que estamos ante la primera obra que abarca muchísimos sucesos de Occidente y Oriente. De hecho, en estos libros conocemos el eterno conflicto bélico que se ha suscitado entre estas culturas milenarias y en muchos aspectos tan distintas y distantes.
La parte de las fábulas y leyendas se encuentra en toda la tradición mitológica que se empleó para explicar el origen de muchas cosas: la vida, los hombres, los pueblos, los conflictos, etc. No olvidemos que todas las tradiciones tienen su punto de partida en relatos mitológicos. Ahora bien, Heródoto cuenta sucesos claves en las relaciones entre Occidente y Oriente, ejemplos: narra el rapto de Ío por los Fenicios. Ío es originaria de Argos e hija del rey Ínaco y los raptores se la llevaron a Egipto. Mas, los griegos después raptarán a Europa, hija del rey Fenicio. Para el historiador griego Medea fue raptada por los Argonautas. Desde luego que existen otras versiones que ella se fue voluntariamente, por supuesto que engañada por Jasón. Sin embargo, el rapto que más repercusiones tendrá es el de Helena. Reitero, un mismo hecho puede ser presentado de diversas maneras. Para algunos Helena se fue voluntariamente con Paris, para otros fue raptada, lo que no cabe la menor duda es que la consecuencia de semejante hecho desató una guerra entre Occidente y Oriente, guerra que por diferentes motivos y móviles hoy sigue vigente. En aquellos años la guerra tuvo como pretexto el rescate de una bella mujer. Hoy es por el petróleo, el control político, la supremacía económica, racial, etc.
La forma tan bella en que Heródoto va narrando los sucesos nos hace sentir que estamos leyendo una novela histórica. Pero no, sus Nueve Libros de la Historia son un amplio compendio de hechos reales que el historiador conoció, investigó y nos transmitió tal como él los interpretaba. Algo más, mucho de lo que escribió se originó porque Heródoto viajó a esos pueblos e investigó y se informó de su cultura, tradiciones, costumbres, dioses, religiones. Verbigracia:
“Los persas son los hombres que más aceptan las costumbres extranjeras. Y, así, llevan el traje medo, por considerarlo mas distinguido que el suyo propio, y, para la guerra, los petos egipcios. Además, cuando tienen noticias de cualquier tipo de placer, se entregan a él; por ejemplo, mantienen relaciones con muchachos, cosa que aprendieron de los griegos. Por otra parte, cada uno se casa con varias esposas legítimas y se procura, además, un número muy superior de concubinas. Entre ellos demuestra hombría de bien quien, además del valor en la guerra, puede mostrar muchos hijos; y al que puede mostrar más, el rey, todos los años, le envía regalos, pues consideran que el número hace la fuerza.”
Una narración que me atrajo mucho es la de Giges, el rey de Lidia. La historia de Giges la había conocido en el libro II de la República de Platón. No obstante, la forma en que la cuenta Heródoto es muy diferente a la narrada por Platón. En Platón priva el mito. En Heródoto es un hecho real humano, mejor dicho, muy pero muy humano:
“Pues bien, resulta que el tal Candaules estaba enamorado de su mujer y, como enamorado, creía firmemente tener la mujer más bella del mundo; de modo que, convencido de ello y como, entre sus oficiales, Giges, hijo de Dascilo, era su máximo favorito, Candaules confiaba al tal Giges sus más importantes asuntos y, particularmente, le ponderaba la hermosura de su mujer. Y, al cabo de no mucho tiempo –pues el destino quería que la desgracia alcanzara a Candaules, le dijo a Giges lo siguiente: -Giges, como creo que, pese a mis palabras, no estás convencido de la belleza de mi mujer, porque en realidad los hombres desconfían más de sus oídos que de sus ojos, prueba a verla desnuda. Giges, entonces, exclamó diciendo: -Señor, ¿qué insana proposición me hace al sugerirme que vea desnuda a mi señora? Cuando una mujer se despoja de su túnica, con ella se despoja también de su pudor…con estas palabras Giges trataba, claro es, de negarse, por temor a que el asunto le ocasionara algún perjuicio, pero Candaules le contestó en estos términos: -tranquilízate, Giges, y no tengas miedo de mí, pensando que te hago esta proposición para probarte, ni de mi mujer, por temor a que ella pueda ocasionarte algún daño; pues yo lo dispondré todo de manera que ella ni siquiera se entere de que tú la has visto…”
El necio rey preparó toda una estrategia para presumir el cuerpo desnudo de su hermosa mujer a su querido empleado. La noche llegó y Giges estaba escondido por órdenes del rey para que comprobara que su esposa era la más bella del mundo. Giges la vio y lo comprobó. El asunto se agravó porque la mujer se dio cuenta que Giges la espiaba, entonces, ella, como mujer prudente se hizo la desentendida y buscará venganza. Giges estará en un gran dilema. Luego será rey.
Estas historias de Heródoto nos muestran la naturaleza del hombre en su devenir histórico. Giges será rey de Lidia por un acto absurdo y estúpido del rey Candaules contra su mujer. Así como tan estúpidos fueron los móviles de la guerra de Troya. Dicen que quien no conoce la historia está condenado a repetirla… pues a partir de Heródoto sí que la conocemos y en muchos aspectos la historia se sigue repitiendo. Sin embargo, indudablemente se debe seguir escribiendo…la historia continúa.
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