Opinión¿Qué hace inteligentes a nuestras ciudades?

¿Qué hace inteligentes a nuestras ciudades?

Ramón Guillermo Segura Contreras

Cursa actualmente el Doctorado en Ciudad, Territorio y Sustentabilidad en la Universidad de Guadalajara. Es Maestro en Arquitectura con mención honorífica por la Universidad Veracruzana y cuenta con estudios de maestría en Diseño Arquitectónico Avanzado por la Universidad de Buenos Aires, así como de Posgrado en Diseño Sustentable por la Universidad de Palermo, Argentina. Es licenciado en Arquitectura por la Universidad Veracruzana y ha impartido docencia en la Universidad Veracruzana, la Universidad Anáhuac Veracruz campus Xalapa, la Universidad Panamericana y el Instituto Tecnológico Superior de Xalapa.

Ha realizado una estancia de investigación en la Universidad Mayor de Santiago de Chile y ha participado como ponente en congresos y seminarios nacionales e internacionales. Asimismo, ha publicado artículos científicos, capítulos de libro y colaboraciones académicas en instituciones de educación superior de Latinoamérica. Su línea de investigación se centra en la arquitectura, la ciudad y el espacio subterráneo.

En el ámbito de la gestión educativa, actualmente es jefe del Departamento de Comunicación Institucional de El Colegio de Veracruz. Anteriormente fue Director Académico del Instituto Tecnológico Superior de Xalapa y Coordinador Académico de la Dirección General del Área Técnica de la Universidad Veracruzana, donde participó en procesos de acreditación, rediseño curricular y planeación institucional.

“Una ciudad inteligente es un lugar donde los hilos digitales se tejen de forma invisible en el tejido urbano”.

Anthony Townsend

Desde la década de los 80, con el cyberpunk, y ahora con la creciente convivencia que tenemos con la IA, la idea de ciudad inteligente ha recobrado importancia en los temas urbanos. Se ha mostrado a la ciudad del futuro con calles, transporte y transeúntes monitorizados, semáforos que responden al tráfico vehicular, edificios de gran escala que optimizan su consumo energético, y que todo lo controlamos por dispositivos móviles.

Actualmente, la inteligencia artificial incorpora una nueva dimensión a la cuestión urbana. El calificativo “inteligente” no se limita a la mera recopilación de la información, sino a su interpretación y predicción. Lo que está ocurriendo es fascinante, pero nos hemos preguntado qué hay en la otra cara de la moneda. Dependencia tecnológica, desinformación masiva, ciber amenazas, vulneración de privacidad y alto consumo de recursos son algunos de los riesgos de la IA.

No cabe duda que, la inteligencia artificial es una herramienta extraordinaria para nuestras tareas diarias. De igual forma para el diseño y planificación urbana, la IA puede identificar patrones de movilidad, estimar la demanda energética, mejorar el manejo de residuos, anticipar el mantenimiento de infraestructura, identificar zonas de riesgo, y analizar todos estos datos de forma rápida y precisa que nos sirven para la toma de decisiones.

Con lo anterior, nos podemos dar cuenta que, las ciudades podrían prever los problemas. Pero no olvidemos que prever no es lo mismo que comprender. Con la ayuda de la IA, la ciudad puede procesar miles de millones de datos, pero no tiene la habilidad de asimilar la vida de sus habitantes. Por ejemplo, un algoritmo puede reconocer cómo y por qué se origina la congestión vehicular, pero no puede tener la empatía de por qué debemos viajar una o dos horas todos los días para ir a nuestros trabajos.

Sí, las ciudades están hechas de datos, pero también de experiencias. Es importante mencionar esto, debido a que, a pesar de la innovación tecnológica, sigue existiendo la desigualdad espacial, la escasez de vivienda, la urbanización informal, por nombrar algunas problemáticas urbanas. La aplicación de la IA en la ciudad no desaparece por arte de magia dichas problemáticas, a pesar de la ilusión tecnológica que se presenta como la panacea a las desigualdades sociales, económicas y espaciales que están profundamente arraigadas al espacio urbano.

Lo anterior no significa que se deba rechazar la IA, al contrario. El uso responsable de la IA la convierte en un instrumento clave para abordar la movilidad, el cambio climático, la prevención de desastres, el consumo energético, por mencionar algunos temas. Pero debemos tener presente que, la capacidad tecnológica debe ir de la mano con la transparencia, el criterio humano, la supervisión y la protección de datos personales.

Después de todo, la ciudad inteligente no tiene la apariencia de las imágenes futuristas que hemos visto en las películas. Quizá el desafío no consiste en hacer ciudades inteligentes o estéticamente tecnológicas, sino hacerlas más humanas. Porque al final, ¿estamos haciendo ciudades más inteligentes o simplemente ciudades que miden y automatizan nuestra vida urbana cotidiana?

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