Ciudad de México. El proyecto Olinia, impulsado por el Gobierno de México como la primera armadora estatal de minivehículos eléctricos, busca abrirse paso en un mercado donde la movilidad urbana de corta distancia sigue dependiendo de taxis viejos, mototaxis y unidades de combustión de alto costo operativo. La apuesta oficial es colocar un vehículo eléctrico accesible, pensado para recorridos de hasta 30 kilómetros y con un precio estimado de 150 mil pesos, muy por debajo del auto eléctrico más barato hoy disponible en el mercado mexicano.
El coordinador del proyecto, Roberto Capuano, sostiene que Olinia puede convertirse en una alternativa real para sustituir parte del parque de taxis urbanos y mototaxis en ciudades del centro y sur del país. La lógica es económica antes que aspiracional: el vehículo estaría limitado a 50 kilómetros por hora, no estaría pensado para carretera y se enfocaría en el segmento de última milla, justo donde hoy predominan unidades con altos costos de combustible, mantenimiento y emisiones. Según Capuano, el costo operativo de Olinia sería 90% menor al de un auto de combustión interna e incluso inferior al de una motocicleta por kilómetro recorrido.
El plan de negocio también revela la ambición industrial del proyecto. De acuerdo con la información disponible, el Gobierno ha destinado hasta ahora 128 millones de pesos para investigación y desarrollo, mientras que la siguiente fase requerirá inversión mixta con capital privado. La meta es lanzar el prototipo en junio de 2026, realizar una preventa para asegurar demanda y arrancar producción en junio de 2027 con entre 7 mil y 10 mil unidades en el primer año. Hacia el cierre del sexenio, el objetivo es alcanzar una capacidad instalada de 50 mil vehículos anuales.
La apuesta llega en un momento favorable para la electromovilidad en México. En 2025 se vendieron 146 mil 724 vehículos con tecnologías limpias en el país, un crecimiento anual de 18%, y ese segmento ya representó 9.6% del total de vehículos ligeros comercializados. Este dinamismo sugiere que el mercado mexicano ya no ve al auto electrificado como una rareza, sino como una opción cada vez más viable, especialmente en contextos de combustibles caros, restricciones urbanas y presión por reducir emisiones.
Sin embargo, el verdadero reto para Olinia no estará solo en vender una narrativa industrial o tecnológica, sino en demostrar que puede escalar producción, asegurar proveeduría y competir en costos frente a marcas privadas ya consolidadas. El proyecto prevé iniciar con 50% de contenido nacional en su primer modelo y elevarlo a 70% hacia 2030, una meta relevante para la política industrial mexicana, pero compleja en una cadena global dominada por fabricantes asiáticos. Aun así, si consigue cumplir su promesa de bajo precio y bajo costo operativo, Olinia podría abrir un nuevo nicho de movilidad popular eléctrica en México y, eventualmente, en otros mercados de América Latina.

