Mtro.Arturo Abraham León Martínez.
Licenciado en Derecho y Maestro en Derecho Fiscal por la Universidad de Xalapa; Asesor fiscal y contable; Consultor Patrimonial, Postulante en materia Fiscal y Bancaria, Catedrático de Derecho y Posgrado, Entusiasta de las Finanzas Públicas y la Teoría Política.
Una de las problemáticas fácticas con las que colisiona la realidad en los Estados Unidos Mexicanos, es la cuestión de los múltiples escenarios educativos que se imparten en las aulas del país; desde una perspectiva de cumplimiento de metas y objetivos institucionales, se supedita la enseñanza ética, práctica y funcional de los educandos al margen de planes de estudio previamente establecidos, los cuales generan la instrucción de ser cumplidos bajo lo estipulado en un documento; no sin omitir mencionar que esto siempre y cuando funcione el sistema, cuando no es así, simplemente se improvisa en las aulas, se imparte desde el azar y el ánimo del docente; el plantear un libreto de enseñanza estructurado desde las metas educativas institucionales permite que premisas morales, internas y éticas dentro de la enseñanza no encuentren de facto un espacio para ser desembocadas en los sentidos del alumnado, con la rigidez de la impartición de la educación sistémica que busca calificar y procesar un resultado de un ser humano, que en papel demuestra una aptitud, no necesariamente obedece a una realidad donde esa persona sea competente de lo que le expresa un documento, mayor reto es garantizar que egresa con habilidades y aptitudes éticas que podrá aplicar en la sociedad que le espera al concluir dicha educación.
Es una noción importante a considerar el hecho de que la impartición de asignaturas, conocimientos generales y premisas de tronco común, en el nivel medio superior definirá las capacidades y competencias del estudiante orientadas a su ejercicio profesional futuro, sin embargo ese ejercicio profesional viene viciado no tan esporádicas veces de un profundo desconocimiento de la realidad social a la cual se enfrentarán a través del paso del tiempo, precisamente por no haber sido educados desde una línea ética de las obligaciones sociales que conlleva el contexto adulto en nuestro país, desde una óptica constitucional, legal y de comunidad. Por ello la necesidad de abordar las siguientes líneas para poder atender las aristas que envuelven el contexto que requiere la transformación educativa en el marco de una reestructuración de impartición férrea de teorías morales y éticas, para que el alumno que egresa no sólo posea el tronco común del área de especialidad a la que fue inmerso sino; también, un sentido crítico del deber ser y tenga una noción audaz del funcionamiento de un sistema político, educativo, financiero y social en el cual ha de convertirse este en una pieza más del engranaje de un reloj llamado sociedad de conciencia y participación ciudadana.
El árbol fue semilla, el mar fue río; la premisa de integrar cánones éticos y morales a temprana edad nos da la certeza como seres comunitarios de construir un mejor camino para las necesidades del país, de dejar a un lado intereses individuales y supeditarlos a lo que la mayoría requiere, no es una noción sencilla cuando se trata de corregir a destiempo, cuando el individuo ha formado ya un escrutinio y carácter preconcebido, un ciudadano casado con ideas unilaterales, egoístas, es aquel que no quiere pagar, participar, abonar, mejorar su entorno, fácilmente buscará la válvula de presión para justificar y reconfirmar por que el sistema es fallido; por otra parte aquellos infantes que no tengan ese lastre memorial nocivo, podrían ser el bálsamo que requiere la gobernanza, pues su molde mental viene no viciado y ahí se pudiesen verter valores conjuntos, como la cooperación, la solidaridad, la voluntad humanitaria y el nacionalismo.

