Por: Redacción El Censal |Ciudad de México, México| 26 de marzo 2026
La relación comercial entre México y China atraviesa un nuevo episodio de tensión luego de que el gobierno chino acusara a México de imponer barreras comerciales, tras la aplicación de aranceles que alcanzan hasta 50% en diversos productos, una medida que el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, defendió como necesaria para proteger a la industria nacional.
El conflicto surge a partir de la decisión mexicana de gravar importaciones en más de 1,400 fracciones arancelarias, lo que impacta exportaciones chinas por un valor superior a 30 mil millones de dólares, especialmente en sectores como el automotriz, eléctrico y manufacturero.
Desde la perspectiva de Pekín, estas medidas constituyen obstáculos al comercio y podrían derivar en represalias, al considerar que afectan de manera significativa su presencia en el mercado mexicano. Incluso, autoridades chinas han señalado pérdidas estimadas en miles de millones de dólares en industrias clave.
Sin embargo, el gobierno mexicano ha sido enfático en que la decisión no está dirigida contra un país en particular, sino que responde a la necesidad de corregir condiciones de competencia desigual. Marcelo Ebrard explicó que sectores como el acero, el calzado y los textiles enfrentan importaciones a precios por debajo de su costo real, lo que pone en riesgo la viabilidad de empresas nacionales.
“El piso está muy disparejo”, ha señalado el funcionario, al argumentar que muchos productos importados cuentan con subsidios o condiciones fiscales distintas que generan ventajas artificiales frente a la producción mexicana. En este sentido, los aranceles buscan equilibrar el mercado y evitar prácticas como el dumping, que pueden desplazar a la industria local.
Desde un análisis económico, la medida refleja un giro hacia políticas más proteccionistas en México, en línea con tendencias globales donde países buscan fortalecer su producción interna ante la competencia internacional. En el corto plazo, los aranceles pueden favorecer a sectores industriales nacionales al reducir la presión de productos más baratos del extranjero.
No obstante, también existen riesgos. Un aumento en tensiones comerciales podría derivar en represalias por parte de China, afectando exportaciones mexicanas o encareciendo insumos importados. Además, mayores aranceles pueden traducirse en incrementos de precios para consumidores y empresas que dependen de productos extranjeros.
El contexto internacional también juega un papel clave. Esta decisión ocurre en medio de la revisión del tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), donde Washington ha presionado para reducir la dependencia de productos asiáticos y fortalecer la integración regional en América del Norte.
En este escenario, México busca posicionarse como un hub manufacturero competitivo, especialmente ante el fenómeno del nearshoring. La estrategia implica atraer inversión y producción al país, lo que requiere proteger ciertos sectores estratégicos mientras se mantiene la apertura comercial.
En síntesis, la disputa comercial entre México y China evidencia el delicado equilibrio entre proteger la industria nacional y mantener relaciones comerciales estables. Mientras el gobierno mexicano defiende los aranceles como una medida legítima para garantizar condiciones justas, el desafío será evitar que esta tensión escale hacia un conflicto comercial mayor que impacte el crecimiento económico.

