Por: Redacción El Censal |Lima/Ciudad de México| 09 de julio de 2026
La acelerada expansión de la inteligencia artificial (IA) está transformando la economía digital mundial, pero también plantea nuevos desafíos en materia ambiental. Microsoft informó que sus emisiones de carbono aumentaron cerca de 30% respecto a 2020, mientras que el consumo de agua y energía continúa incrementándose debido a la construcción y operación de nuevos centros de datos destinados a satisfacer la creciente demanda de servicios de IA. El panorama refleja el desafío que enfrentan las grandes empresas tecnológicas para equilibrar la innovación con sus compromisos de sostenibilidad.
El crecimiento de plataformas de inteligencia artificial generativa, servicios de computación en la nube y modelos avanzados de aprendizaje automático ha obligado a Microsoft a acelerar inversiones multimillonarias en infraestructura digital. La compañía prevé destinar alrededor de 190 mil millones de dólares durante 2026 para ampliar su capacidad en inteligencia artificial, principalmente mediante la construcción de nuevos centros de datos y la adquisición de equipos especializados de alto rendimiento. Estas instalaciones requieren enormes cantidades de electricidad para procesar información y sistemas de enfriamiento que demandan importantes volúmenes de agua.
Los centros de datos constituyen el corazón de la revolución de la IA. En ellos operan miles de servidores que procesan millones de consultas cada segundo, lo que incrementa de forma considerable el consumo energético. Para mantener temperaturas adecuadas, estas instalaciones emplean sistemas de refrigeración que utilizan agua o tecnologías híbridas, convirtiendo al recurso hídrico en uno de los principales insumos para la operación de la infraestructura digital. Estudios especializados estiman que, para 2027, la inteligencia artificial podría requerir entre 4 mil 200 y 6 mil 600 millones de metros cúbicos de agua a nivel mundial, un volumen comparable al consumo anual de cientos de millones de personas.
Microsoft ha reconocido que el crecimiento de su infraestructura de IA ha complicado el cumplimiento de su meta de convertirse en una empresa con emisiones negativas de carbono para 2030. No obstante, la tecnológica sostiene que continúa invirtiendo en soluciones para reducir su impacto ambiental, entre ellas sistemas de refrigeración más eficientes, reutilización de agua, energías renovables y tecnologías de captura de carbono. De acuerdo con la empresa, sus centros de datos propios ya han reducido 25% su consumo de agua respecto a su línea base y mantienen el objetivo de alcanzar una disminución del 40% para 2030.
El fenómeno no es exclusivo de Microsoft. Empresas como Google, Amazon, Meta y Oracle también incrementan de forma acelerada sus inversiones en infraestructura para inteligencia artificial, impulsadas por la creciente demanda global de servicios digitales. Analistas consideran que la competencia por desarrollar modelos cada vez más potentes está provocando una expansión sin precedentes de centros de datos, con impactos directos sobre el consumo de electricidad, agua y materiales especializados para la fabricación de semiconductores.
Al mismo tiempo, la inteligencia artificial representa uno de los motores económicos más importantes de la actualidad. Consultoras internacionales estiman que esta tecnología podría aportar billones de dólares al Producto Interno Bruto mundial durante la próxima década mediante incrementos en productividad, automatización, innovación científica, desarrollo industrial y nuevos modelos de negocio. Sin embargo, especialistas advierten que ese crecimiento deberá acompañarse de políticas que impulsen una infraestructura digital más eficiente y sostenible para evitar que la demanda energética y de recursos naturales aumente al mismo ritmo que la adopción tecnológica.
Diversas compañías tecnológicas ya exploran alternativas para disminuir su huella ambiental, como instalar centros de datos en regiones con climas fríos para reducir la necesidad de refrigeración, utilizar circuitos cerrados de reutilización de agua, incrementar el uso de energías limpias y desarrollar chips con mayor eficiencia energética. Estas medidas buscan que el desarrollo de la inteligencia artificial pueda mantenerse compatible con los objetivos internacionales de reducción de emisiones y adaptación al cambio climático.
El caso de Microsoft evidencia uno de los principales desafíos de la economía digital: hacer compatible el acelerado crecimiento de la inteligencia artificial con la sostenibilidad ambiental. Mientras la demanda global por servicios de IA continúa aumentando, la industria tecnológica enfrenta el reto de innovar no solo en capacidad de procesamiento, sino también en eficiencia energética, gestión responsable del agua y reducción de emisiones para construir un desarrollo tecnológico de largo plazo.

